domingo, 28 de mayo de 2017

Francesc Baldomar y Guillem de Vich. Cuando la gloria atrae a la envidia.


Nadie puede negar hoy por hoy, que Francesc Baldomar fue uno de los mayores exponentes dentro del gótico tardío mediterráneo, aunque sí es cierto que en muchas ocasiones ha sido injustamente eclipsado por el que fue su discípulo, Pere Compte.

Este gran maestro, Baldomar, ostentaba ya en el año 1457 el título de magister fabrice sedis,  es decir, maestro de obras de la Catedral de Valencia, y trabajó además de en la Seo valenciana, en el Casa de la Ciudad, en la capilla del Real del antiguo convento de Santo Domingo,  en la capilla de la Virgen Santa María de los Inocentes, en el Palacio Real de Valencia, en el Portal de Quart, en el Real monasterio de la Trinidad, o en el Almudín, solo por poner algunos ejemplos.


Vista de las torres de Quart, donde fue maestro de obras Francesc Baldomar.


Para conocer su vida y obra, sin lugar a dudas debemos acudir a la magistral tesis realizada por el arquitecto Germán Andreu Chiva Maroto,  tesis que lleva por título Francesc Baldomar. Maestro de Obra de la Seo. Geometría e inspiración bíblica, y donde se documenta con profundidad la obra de Baldomar, resultando de especial interés y de gran valor los documentos y el estudio realizado sobre los trabajos ejecutados en la Catedral de Valencia.

Sin embargo, hoy  no vamos  a hablar de la fascinante obra y legado de Francesc Baldomar. Hoy vamos a hablar de su enemistad y encontronazos con un personaje de gran poder dentro del clero valentino, el canónigo Guillem de Vich.

Gracias al dietario del capellán de Alfonso el Magnánimo, sabemos que Baldomar era natural de la ciudad de Valencia, que comenzó a excavar para la realización de la Arcada Nova un lunes 10 de septiembre del año 1459, y que unos meses después, el jueves 10 de enero del año 1460, ponía la primera piedra de la nueva obra que uniría la Catedral con el Miguelete y el Aula Capitular.

Com començaren a cavar per fer portal e arcada.- En l'any de nostre Senyor de .M.CCCC.LVIIII., diluns a .X. del mes de setembre, començaren a cavar e a derocar per fer lo portal e arcada de la Seu prop lo campanar, e fon maestre de fer la dita obra mestre Baldomar, natural de la dita ciutat de València...
Com fonch messa la primera pedra.- En l'any de .M.CCCC.LX., digous a .X. de jener, fonch messa la primera pedra e començat lo fonament del dit portal e arcada per lo dit mestre Baldomar.

Es muy posible que  por esas fechas, los encontronazos con el canónigo Guillem de Vich no fueran del todo dignos de mencionar, incluso es posible que fueran muy aislados. Por aquellas fechas en las que se iniciaban las obras de la Arcada Nova de la Catedral de Valencia, todavía seguía con vida otro canónigo, Antoni Bou, auténtico protector y valedor del mestre Baldomar.


Columna de la conocida como Arcada Nova. Catedral de Valencia.


Antoni Bou, quién posiblemente nació en la población de Sueca, fue canónigo y Vicario general de Valencia, además de ser embajador de la diócesis valentina ante el papa Calixto III.

Fue elegido para ello en el año 1457 por lo canónigos y Capítulo de la Seo, tal y como podemos ver en el dietario del capellán de Alfonso el Magnánimo.

En l'any de .M.CCCC.LVII., per los honorables canonges e capítol de la Seu e per tot lo clero fonch helet lo reverent mestre Anthoni Bou, natural de Çuequa, e canonge de la dita Seu e vicari de Sent Pere, per misatger al dit sant pare papa Calixti.

Partió pues hacia Roma el canónigo Antoni Bou el domingo 27 de octubre de ese mismo año.

En lo dit any, diumenge a .XXVII. de octobre, lo dit mestre Bou se partí de València per ha enbarquar a Dénia, per anar al dit papa Carixti, e lo dit capítol e clero trametreren al papa per mestre Bou hun pitxer e hun parel de canadeles, tot de viricle guarnits d'or, cosa molt rica e bella, que valía més de .M. florins.

Volviendo de Roma el lunes 17 de abril del año siguiente, 1458, y trayendo consigo varias e importantes reliquias.

En l'any de .M.CCCC.LVIII,. diluns a .XVII. de abril, lo dit mestre Bou entrá en la ciutat de València venint de Roma, de la embaxada de papa Calixti, al qual li fonch feta gran honor en sa entrada. E, ans de entrar en ciutat, anà al Real a la senyora reyna, axí acompanat ab tota la gent de bé, e d'aquí fonch al palau del bisbe, a les bisbesses.
En lo dit any, diumnege, darer dia de abril, lo dit reverent mestre Anthoni Bou sermnà en la Seu de València les gràcies e les relíquies que portava de Roma, donades e otorgades per nostre sant pare papa Calixti.

Fue el propio Antoni Bou el encargado de recibir todas las cartas y recibos de pago de los materiales comprados y empleados para las obras realizas en la Catedral por el mestre Baldomar, apareciendo en ellas siempre bajo el mismo título de Reverendo magistro Anthonio Bou, sacrarum litterarum professori, canonico valentino et comissario apostolico.

El 25 de noviembre del año 1461 y en extrañas circunstancias, moría el canónigo Bou, el único apoyo y protector que el mestre Baldomar tenía en Valencia.

Pero su peculiar vía crucis comenzaba tan solo unos meses antes de la muerte de Antoni Bou. El 7 de octubre, y sin motivo aparente, Francesc Baldomar era apartado del cargo de mestre de pedra de la ciutat de València.

Ya hoy en día y dejando de lado el más que desafortunado comentario realizado por Sanchis i Sivera y mencionado por Chiva Maroto en su tesis, todos los que hablan y escriben sobre el mestre Baldomar coinciden en que era una persona encantadora, un virtuoso de la piedra y de los trazos, pero por otro lado, un hombre débil y falto de carácter. Tampoco podemos olvidar que sobre la figura de Baldomar, al igual que sobre la del canónigo Bou, sobrevolaba la acusación de ser judeoconversos. Apenas 20 años antes, los problemas, litigios y agresiones  entre los cristianos viejos y los cristianos nuevos comenzaban a acentuarse y a producirse con mayor asiduidad en la ciudad de Valencia.

Quizás este cúmulo de situaciones, avivadas por la muerte del canónigo Bou, hicieron que el canónigo Guillem de Vich se quitara de una vez la máscara y mostrara todo el odio y envidia que la figura del mestre Baldomar le causaba.

Uno de los documentos que Chiva Maroto aporta y desgrana en su excelente trabajo sobre Baldomar, es la denuncia que éste hizo a Berenguer Company, juez y sotsobrer de la obra de la Catedral, el 17 de abril del año 1462 contra el canónigo Guillem de Vich.

Este curioso e interesante documento se encuentra en los protocolos de Jaume Esteve fechados en el año 1462, y al contrario de lo que hizo en su día el canónigo Sanchis i Sivera en su magistral trabajo sobre la Catedral de Valencia, Chiva Maroto sí lo transcribe completo.


Documento de la denuncia puesta por Francesc Baldomar contra el canónigo Guillem de Vich. Imagen obtenida del trabajo de Germán Andreu Chiva Maroto que lleva por título Francesc Baldomar. Maestro de Obra de la Seo. Geometría e inspiración bíblica.


Constituit en presencia de vos, venerable é discret Mosén Berenguer Company, prevere domer é sotsobrer de la obra de la Seu de Valencia, é jutge delegat en les causes tocants als mestre é obrers de la fàbrica de la Seu de Valencia, per lo honorable Capítol de aquella, segons consta ab carta rebuda per lo notari é scriva dejus escrit a XVII de abril ara propassat. En Francesch Baldomar, mestre de la obra de la dita Seu, possa denunciació é clam davant vostra saviessa contra lo magnifich mossén Guillem de Vich canonge e sotsCabiscol de la dita Seu. Que com en dies passats, ell tingués un farató, alias somer, dins la casa de la present fàbrica ben tanquat é ben guardat. Lo dit magnifich Cabiscol clandestine com ab gran companyia é de grans homens ab lanternes vingueren é li romperen portes, parets é barandats, é furtaren lo dit farató, é aquell prengueren, é ab molt treball muntaren lo dit farató alt al campanar, entre les campanes, en loch que may animal tal munta ni muntarà, com sia loch sagrat é molt privilegiat, del qual cas se seguiren grans scandells que los scolans quel trovaren damunt, de gran spant no han cobrat encara color. E lo dit en Baldomar perque no perdés lo farató, li convench devallarlo ab cabries en layre per les finestres del campanar, ab la cara tapada per que de por no compixas la gent que per veure açó serà aplegada, que quasi tot lo poble stava scomogut, é molts menestrals ne perde son jornal é haguera valgut més que hagués feta ça fahena. En lo qual devallar del dit farató, lo dit en Baldomar feu gran despessa en haver mariners destres quel devallaren é ultra açó la collació que li convench fer al dits mariners é ajudants.

Ítem, diu é possa lo dit en Francesch Baldomar, per si é part dels dits obrers que requir á vos, dit honorable jutge li fets açí justicia com moltes vegades amagadament es pixat en les carabacetes del vi dels dits obrers, é aquells, ab la set no cuydant so han begut dels seus pixats, ben salats é cohents, que de quels ha desechat axi lo ventrell, que si de primer bebien un diner de vi, ara beuen tres, de quels ne ve gran dan é despesa á la lur cassa é dampnatge á la lur persona, la qual cossa no es de poch grengre, dan é vergonya.

Ítem diu é possa lo dit Baldomar é á gran injuria te é dan de la sua persona com en dies passats per lo dit magnifich Cabiscol son stades preses les sues ulleres, é aquelles li haja enverniçades é empastrades en una pocha de merda, é aprés metentles se als ulls, tanta fonch lo coytor que li entrà en los ulls, que quasi ha perdut la meytat de la vista. En tant que per fer los encontiments dels portals é altres coses subtils de la dita obra, ja noy vega la qual cosa redundarà en gran dany de la dita fàbrica é cossa pública.

Per tal, lo dit en Baldomar requir á vos, verenable jutge, que li façau justicia denegantli recors é tot altre dret que li pogués aiudar com aquest haia comés tals casos, que justicia no puxa esser per part sua. E açó sens solemnitat de dret, tota specia de prova apart possada.

Desde luego el documento no tiene desperdicio. Tres son los hechos que denuncia Baldomar frente a Berenguer Company.

Micer Berenguer Company era  domer de la Catedral, es decir, el encargado de celebrar el oficio semanalmente  y de administrar los sacramentos, además de ser el sotsobrer de la misma.  Este era un cargo administrativo, el cual recibía los pagos de las rentas eclesiásticas asignadas a la fábrica y obras de la Catedral. Fue elegido por el Cabildo como juez delegado para todas las causas concernientes al maestro de obras de la Catedral.

El primero de los agravios que denunciaba Baldomar contra el canónigo Guillem de Vich fu el robo de su querido asno. Este robo se hizo sin ningún tipo de miramiento, ya que para ello, Guillem de Vich acompañado de otros importantes hombres y amparados por la noche, rompieron puertas, paredes y tabiques de la casa para poder llevarse al animal. Pero ahí no quedó la cosa. Tras el hurto, el canónigo y sus acompañantes decidieron subir al pobre animal, imaginamos que con la boca atada para evitar rebuznos, a lo alto de la torre del Miguelete, y dejarlo allí entre las campanas. Al día siguiente, en aquel lugar lo encontraron los sacristanes, según dicen, atribuyendo este suceso al mismísimo diablo. Como podemos ver en la denuncia, los pobres sacristanes que lo encontraron, del gran espanto, no habían recuperado todavía el color.

Francisco Pérez Puche, en su Laberinto secreto de la catedral de Valencia, dice al respecto que el Cabildo se dividió en dos bandos: los que se reían mucho, y los que se reían a carcajadas.

Evidentemente el revuelo fue tremendo e inmediato, y una gran multitud se congregó bajo el Miguelete para ver como bajaban al pobre borrico. Como es de imaginar el animal se negaba a bajar por las estrechas escaleras de caracol, por lo que Baldomar no tuvo más remedio que contratar a varios expertos marineros para que bajaran  mediante pesos, poleas y sogas al  pobre animal al que tanto cariño tenía por las ventanas de la torre.

En la propia denuncia se dice que para ello, tuvieron que tapar la cara del pobre asno, para que de este modo, por miedo, no meara a la gran multitud que bajo el Miguelete se congregaba.

El segundo de los hechos denunciados contra el canónigo Guillem de Vich, no lo hacía solo el mestre Baldomar, si no toda su cuadrilla de obreros. Acusaban al canónigo de orinar a escondidas en sus calabacillas de vino, y que estos, al igual que el propio Baldomar, con la sed y sin mirar el interior de los recipientes, habían bebido el orín del canónigo, el cual calificaban en la denuncia como ben salat é cohent, es decir, bien salado y picante.

El tercer y último caso denunciado por Baldomar fue la sustracción de sus lentes. El canónigo Guillem de Vich había cogido sus gafas para, después de untarlas y empastrarlas bien de excrementos, embarnizadas y empastradas en un poco de mierda tal y como reza textualmente en la denuncia, volvérselas a poner en los ojos al pobre mestre Baldomar; tanto fue el picor que le entró  en los ojos, que casi perdió la mitad de la vista, afectando de este modo su trabajo en la Catedral.

Agresión sufrida por Francesc Baldomar de manos del canónigo Guillem de Vich.
Autora de la imagen; Fátima Díaz-Ropero Olmedo.
Imagen obtenida del trabajo El cimborrio de la catedral de Valencia a la luz de nuevos hallazgos documentales. El proyecto de Francesc Baldomar y los retratos esculpidos en el segundo cuerpo. de Germán Andreu Chiva Maroto.


Por todo ello, Baldomar requería a Berenguer Company, venerable juez, que le hiciera justicia, justicia que evidentemente, nunca llegó. Guillem de Vich además de un hombre de armas tomar, era un hombre con mucho poder.

Guillem de Vich fue nombrado canónigo de la Catedral en el año 1442, y ya en julio del año 1474 aparecía citado  en el dietario del capellán de Alfonso el Magnánimo como Mizer Guillem de Vich cabiscol, vicari General del senyor cardenal e bisbe, es decir como máximo responsable de la organización del coro y vicario General del cardenal y obispo de Valencia.

Decía de Vich el profesor de Historia del Derecho de la Universidad de Valencia Vicente Graullera Sanz en su libro Derecho y juristas valencianos en el siglo XV, que su vida pública se centraba  en la política eclesiástica y en la defensa de los derechos de la Iglesia.

Desde luego no le faltaba razón. Según podemos ver en el dietario del capellán de Alfonso el Magnánimo, en febrero del año 1476, el canónigo llamaba al orden a un dominico del convento de Luchente, de nombre Agosti Ferrandis, quien iba pregonando según le había indicado la mismísima Virgen María, el fin del mundo.

Tras la entrevista con el canónigo de la Catedral, el dominico dejó de pregonar tal hecho, y nunca más se tuvo noticia documental de él.

E lo mestre Agostí estant en València, lo cabiscol micer Guilem de Vich, vicari general del senyor cardenal e bisbe, se féu venir a la sua casa al dit mestre Agostí, e.l tench aquí tot lo dia e li féumoltes e grans interrogacions; e lo dit mestre Agostí, continuar que moltes vegades avia vist e parlat ab la Verge Maria. De què lo dit cabiscol lo féu anar al moestir de Preycadós, e que de aquí no.s partís sens sa lexència.

Una nueva ostentación del poder que ejercía el canónigo y que esta vez sí tuvo consecuencias, fue le hecho ocurrido el 22 de noviembre de ese mismo año. Tras la llegada de la justicia para acabar con una trifulca entre dos hombre en la plaza de la Seu, uno de ellos corrió a refugiarse en la Catedral, donde se encontraba Guillem de Vich celebrando el oficio de vísperas,  pidiéndole derecho de asilo  argumentando ser coronat, es decir, tonsurado. Aun así los soldados del gobernador Cabaneyes entraron en la Catedral con la intención de apresar al hombre, a lo que se opuso rotundamente el canónigo Vich.

Cinco días después de este suceso, el canónigo Guillem de Vich, junto con los también canónigos Johan Cervera y Jaume Exarch eran desterrados de la ciudad de Valencia. Este hecho pone de manifiesto el enfrentamiento que tenía lugar en Valencia por esas fechas entre la autoridad civil y la eclesiástica.

Incluso el pobre Baldomar fue amenazado de muerte por el maestro de obras Rodrigo de Marquina, vizcaíno,  quien se encontraba trabajando en las obras del azud de Villarreal. De hecho, tal y como apunta Germán Andreu Chiva, el mestre Baldomar tuvo que ir escoltado por cuatro acompañantes en una visita de inspección que realizó a dicho azud en el año 1470.

Si el canónigo Guillem de Vich fue un hombre de armas tomar, Rodrigo de Marquina debió de ser un hombre poco cumplidor. Para evitar que se marchase de las obras de reparación que había iniciado en el año 1468 en el azud de Villarreal, se le obligó a prestar juramento de no partir hasta concluir el trabajo. Dos hombres tan distintos unidos por un odio común: el pobre mestre Baldomar.

De Baldomar podemos decir que no fue un hombre afortunado. Murió el maestro de obras entre junio y agosto del año 1476 sin ver acabada la obra que inició en el año 1459.

Como recuerdo y legado suyo nos queda su obra y su fábrica, y curiosamente, su retrato. En uno de los pilares de la Arcada Nova, podemos encontrar el retrato del mestre Baldomar junto con el de su amigo y protector el canónigo Antoni Bou, su sucesor en las obras de la Catedral Pere Compte, y el cardenal Rodrigo de Borja.

Detalle de la columna de la Arcada Nova donde se pueden ver los retratos de Francesc Baldomar, Pere Compte, Antoni Bou, y Rodrigo de Borja.

El pobre mestre Baldomar nunca dejará de sorprendernos.


No hay comentarios :

Publicar un comentario