domingo, 9 de octubre de 2016

Sant Donís y la Catedral de Valencia: la conmemoración de la la entrada de Jaime I en la ciudad.



"E quan vim nostra senyera sus en la torre descavalgam del vacal, e encreçam nos ves l'orient, e ploram de nostres uyls, e besam la terra per la gran merce que Deus nos havia feyta".

Jaume I, Libre dels Fets.


El 9 de octubre del año 1238, día de Sant Donís, el rey Jaime I hacía su entrada triunfal en la ciudad de Valencia acompañado de sus huestes y mesnadas, en las que se encontraban entre otros, templarios y hospitalarios, caballeros que siempre le acompañaron en sus batallas y  conquistas. 

Anteriormente, el 28 de septiembre, El Conquistador y el rey de Balansiya, Abul Djumayl  Zayyan, nieto del rey Lobo, firmaban la carta de capitulación de la ciudad.

Tras la entrada  del rey en  Valencia, y después de la purificación de la que sería la futura Seo de la ciudad, el 22 de octubre de ese mismo año, 1238, Jaime I confirmaba la donación hecha  unos días antes a la Catedral  de todas las iglesias de la ciudad, así como de las tierras y heredades de las antiguas mezquitas. Cumplía así la promesa hecha en Lérida el 28 de octubre del año 1236.


Y son estos hechos, los que durante siglos se celebraron en la Catedral de Valencia, primero en la terraza de su cimborrio, y después, desde la de la torre del Miguelete.


Retrato de Jaime I atribuido al  pintor valenciano Jaume Mateu (1382-1452).


La primera noticia que tenemos de esta celebración la encontramos con fecha del 7 de octubre del año 1338. En el Manual de Consells con signatura A-3, fols. 146v y 147r, podemos ver una anotación en la cual el Gobierno de la ciudad, con motivo del primer centenario de la la toma de Valencia por parte de Jaime I, acordaba celebrar una solemne procesión, prohibiendo además que durante el tiempo que esta durara, los obradores y tiendas estuvieran abiertos.

Pero además de conmemorar la toma de Valencia por parte de Jaime I, el Consejo de la Ciudad aprovechó dicha procesión para pedir a San Dionisio la remisión de la hambruna que durante esos años se cebaba sobre el Reino de Valencia a consecuencia de las malas cosechas. 

Esta procesión se ha venido realizando en la ciudad casi ininterrumpidamente desde el siglo XVII, e históricamente tenía lugar en la Catedral la celebración del "tedeum", un canto de acción de gracias a Dios por esta conmemoración, a la cual acudía la Reial Senyera. Ya en el año 1538 se documentaba esta presencia de la Senyera en el Te Deum como algo habitual y cotidiano, así como su traslado desde el Consell hasta la Catedral, donde se celebraba el sermón de la conquista.

La "Reial Senyera Coronada", otorgada a  Valencia por Pedro el Ceremonioso en el año 1377. 

Por desgracia desde hace unos años, la Reial Senyera no acude a su cita con la Catedral, aunque sí es cierto que ésta es sustituida por la Senyera de lo Rat Penat, la cual no falta a su cita con nuestro pasado y nuestra historia,  manteniendo de este modo la tradición y costumbre que desde el medievo se venía celebrando.

Aunque bien es cierto que esta conmemoración tuvo inicialmente un sentido totalmente sacro y religioso, ya en el siglo XV comenzaba además, a tener un carácter  lúdico y festivo, en el que el pueblo participaba activamente.

Hasta el año 1436, se tiene constancia de que en la terraza del cimborrio de la Catedral, se encendían faroles y hogueras para conmemorar este día.

Sin embargo ese año y debido a las celebraciones, se quemó el "penell" de la veleta del cimborrio, por lo que el Cabildo decidió que tales celebraciones se realizaran desde entonces en la terraza de la torre del Miguelete, tal y como podemos leer en el Libre de Obres del año 1437, fol. 17:

"En apres per lo sinstre que en lany propassat se era seguit en lo cembori de la seu la nit de Sant Dionis que fahent los farons en lo dit cembori en la dita nit se crema lo penell que era en lo dit cembori e sen cuydaren seguir assats congoxes fon provehit per los molt honorables senyors de capitol que daqui avant los farons  per semblant nit  se fahessen en lo campanar nou. E ques donas orde que tant com se pogues fes los thions e e fochs qui caurien dels dits farons no feessen enug ne dan als vehins en torn. E fer tal fon provehit que los dits farons estiguessen apart dintre del campanar pero al qual raho convench fer les seguens despesses..."

El coste del material para estas celebraciones era pagado entre el Cabildo y la Ciudad de Valencia. Se colocaban en la parte exterior del Miguelete gran cantidad de faroles de papel, unos más pequeños, con luces de sebo,  y otros de más tamaño, con luces de aceite.


La torre del Miguelete y su terraza. Catedral de Valencia.

Gracias a un documento que encontró casualmente el canónigo de la Catedral Sanchis i Sivera, y que se encontraba entre las tapas de pergamino de un volumen del Archivo Catedralicio, sabemos lo que costaron en el año 1438, que es cuando está fechado dicho documento, entre otras cosas,  los faroles para adornar el Miguelete.

Se compró medio almud de harina para hacer engrudo para la fabricación de las linternas por VIII dineros. En el papel para la fabricación de los faroles pequeños se gastaron III sueldos y IIII dineros, mientras que en el papel para la fabricación de los grandes emplearon VIII sueldos.   No debieron de tener suficiente papel para adornar el Miguelete, ya que poco después podemos leer la compra de I sueldo y VIII dineros de papel de "la ma xiqua", y IIII sueldos de papel de la "forma major".

Además de adornar la parte exterior del Miguelete con faroles y linternas, en la terraza se apilaba gran cantidad de madera y leña con alquitrán, mientras que en las barandillas se colocaban una especie de cazuelas con resina y cuerdas, que ardían junto a la leña.

Sabemos que en el año 1438, se compró una viga vieja para hacer la hoguera de la terraza del Miguelete por IIII sueldos y V dineros. También se compró a la torre de Santa Catalina un trozo de pino para hacer leña, el cual costó IIII sueldos y VI dineros.

En cuanto a las ventanas del Miguelete, se adornaban con arcos de mirto y otras plantas verdes.

También se compraba aceite para las linternas, sebo, caña, alquitrán, trementina, una caja de pino para guardar el material... y como no, pergamino y salnitre para hacer los cohetes que se disparaban desde la torre.

Pero no todos los gastos eran para material, cohetes y hogueras. Sabemos que el Cabildo y el Consell se gastaron aquel año VI sueldos en VIII libras de  carne de toro para invitar a cenar a las personas que ayudaban aquella noche, III sueldos en pan de Rey, I sueldo y VIII dineros en vino tinto y vino blanco, IIII sueldos en avellanas y garbanzos tostados, y I sueldo en chufas.

Sin lugar a dudas la visión primero del cimborrio, y años después de la torre del Miguelete, adornada con los faroles y linternas, y ardiendo la hoguera en su terraza, debió de ser espectacular, más aun si añadimos al sonido de los cohetes y petardos, el de los dos grandes tambores que se hacían sonar desde lo alto del campanario.


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