martes, 8 de diciembre de 2015

La Morlana. El último repique medieval de Valencia.


Es indiscutible  que el casco antiguo de la ciudad de Valencia tiene cierto sabor a medievo, a historia,  y a tradición. Solo tenemos que pasearnos tranquilamente por sus calles para admirar lo que antaño fue la ciudad. Las torres de Serrano y de Quart,  imponentes y desafiantes, no dejan indiferente al caminante, podemos tocarlas, sentirlas, imaginarlas....lo mismo ocurre con la Lonja, la Iglesia de San Juan del Hospital, la de San Agustín, la de Santa Catalina, el Puente de la Trinidad...largo y pesado sería aquí el enumerar todas las maravillas medievales con las que cuenta la ciudad del Campeador, la ciudad del Conquistador...


Sin embargo, y a pesar de todas estos pedazos de historia que señalan el pasado medieval de Valencia, hay uno en concreto, que es capaz de superar por un instante la sensación que se siente al acariciar con suavidad estas piedras que hablan en silencio, capaz de superar el sentido del gusto y del olfato al imaginarnos paseando por las calles medievales que rodeaban la Lonja de los Mercaderes y sus puestos, capaz de despuntar por encima de nuestra imaginación al intentar hacernos una idea de como fue la ciudad totalmente amurallada, y ese pedazo de historia, que no hace falta imaginar, ni tocar, ni si quiera ver, lo encontramos en la que una vez fue la torre exenta de la Catedral de Valencia, una magnífica torre octogonal de casi 51 metros de altura, la encontramos en la torre conocida como el "Miguelete".

Detalle de la Morlana. Catedral de Valencia.


No hace falta subir sus 207 peldaños que nos separan del cielo, ni tocar sus muros, ni siquiera percibir como se construyó tan magnífica atalaya. Tan solo tenemos que cerrar los ojos y escuchar. Solo tenemos que esperar  a que La Morlana, más conocida popularmente como La Caterina, repique una vez más al cielo de Valencia, tal y como hacía  años antes de la construcción del Miguelete, con su mismo sonido, con su mismo tañido, inmutable durante el paso de los siglos y de la historia, y es que la Morlana, la Caterina, además de ser la campana mas antigua de la torre, tiene el honor de ser la segunda fechada de todas las catedrales de España, y la más vieja en actividad en lo que hoy sería la antigua Corona de Aragón.

No cabe duda de que  esta vieja campana tiene algo de  especial y atrayente  , algo de nostálgico y melancólico, algo fascinante, fascinación y encanto que queda más que patente en las palabras  de Francesc Llop i Bayó,  presidente de la Asociación de Campaneros de la Catedral de Valencia, palabras que me voy a permitir la licencia de reproducir:

  "lo fascinante de esta campana es que proyecta el mismo sonido de la época, es la única voz que nos queda de entonces y de la torre vieja".

 Desde luego que no le falta razón a Francesc Llop. La Morlana tiene un sonido muy característico, tan característico y especial es, que ya Jose Texidor y Trilles ( 1694-1775), Bibliotecario del Real Convento de Predicadores de Valencia, le dedicó unas palabras en su magnífica obra "Monumentos Históricos de Valencia y su Reino":

"Su Tono es, sesenta i una comas sobre la María (la cual es la mayor de todas, pesa 70 quintales i su tono perfecto es Fefaut del órgano".

           
Y es que esta magnífica campana, de 84 centímetros de diámetro y 343 kilos de peso, es la única que queda de las seis que se ubicaban en el  conocido como "Campanar Vell", antiguo campanario  de planta cuadrada y estilo románico que se encontraba en lo que hoy es el actual Museo de la Catedral, entre la  calle Barchilla y la plaza de la Almoina.

La Morlana, nombre con el que aparece en la documentación medieval valenciana, fue fundida en el año 1305 por orden del entonces obispo de la ciudad, el dominico Ramón Despont, y trasladada al "Campanar Nou" allá por el año 1419.

De este traslado tenemos constancia gracias a un documento existente por el cual, el 9 de noviembre del año 1419, los hermanos Juan y Luis Amorós, carpinteros para más señas, recibían el pago a cargo de la Tesorería de nada menos que 300  florines de oro por el traspaso de esta campana, siendo testigo de este pago Jaime Pastor.

Sin embargo, lo  que nunca estuvo tan claro fue su fecha de fundido. Y es que hasta  el año 2001, se daba como válida la fecha de 1350. Fue Salvador Mollá i Alcañiz, en su obra "Las campanas Góticas Valencianas", quién elaboró la tesis para poder afirmar con toda seriedad que esta campana no fue fundida en 1350, sino el año 1305.

Primeramente veamos el recorrido histórico que se hace de esta campana en el estudio que lleva por título "Las campanas de la Catedral de Valencia", trabajo de investigación realizado por Francesc Llop  i Álvaro, y dirigido por Rafael García Mahíques en el año 2011, y después dejemos que el  tratado y estudio de Salvador Mollá hable...


Cierto es que el primer documento estudiado por Llop y García Mahíquines,  "La Consueta de la Seu de València dels segles XVI-XVII" no aporta pista alguna para poder fechar la fundición de la Morlana, pero sin embargo, si nos da una detallada lista de cuando se repicaba o volteaba esta campana.

"La Consueta de la Seu de València dels segles XVI-XVII",  era y es,  un libro o manual donde se iban anotando las tradiciones y costumbres necesarias para poder desarrollar las numerosos y complejos ritos litúrgicos oficiados en la catedral de Valencia. Esta Consueta es la más antigua que se conserva en los archivos de la catedral,  y fue terminada de escribir por el sub-sacristán de la Catedral Pere Martí, siendo renovada y corregida mediante anotaciones al margen hasta finales del siglo XVII.

Gracias a este preciado manual, sabemos que la Morlana se volteaba en caso de temporal, tormenta, truenos, relámpagos y aire terrible, poniendo siempre el guardián antes de su toque el Cirio de la Fe ante el Altar Mayor. También volteaba cuando las procesiones regresaban a la catedral, al igual que para en ocasiones tocar a "vespres", "vigilia", "matines", "laudes", o "prima".

Pero volvamos al tema que nos ocupa.  El siguiente documento estudiado por por Llop y García Mahíquines es la Consueta de la Santa Iglesia Metropolitana de Valencia. Es en este manual, del siglo XVI, y transcrito a mano en el año 1935 por José Osset Merle, donde aparece la primera referencia a la fundición de la campana, diciendo que se llama "Catharina, y dize su rotulo : : Anno 1350, Aue Maria gracia plena Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus, et benedictus fructus ventris tui. Santa Maria, ora pro nobis. Fenollet Episcopus me fecit fieri”.

Con algunos pequeños, pero insignificantes cambios en la inscripción, Llop y García Mahíquines vuelven a encontrar el año de 1350 como fecha de fundición de la Morlana en entre otros títulos,  "el Diccionario básico y crítico", publicado en el año 1903 por  Ruiz de Lihori, en el libro que lleva por título  "La Catedral de Valencia", publicado en 1908 por Sanchis y Sivera, en el "Cuaderno de todos los toques", de  Rafael Aguado (1912), o  en el título "Torre de la Catedral de Valencia", de  Mas Gadea (1976).

Parece más que claro que uno tras otro, todos estos autores se han basado en la información de "La Consueta de la catedral de Valencia"  para dar validez al año de 1350 como año de fundición de la campana. Y es aquí cuando entra en escena Salvador Mollá i Alcañiz.  Este autor, se da cuenta de  que hasta el momento, se había interpretado  siempre mal la V gótica de la fecha, entendiéndola como L. Curiosamente, y entrando también en juego la travesura del azar,  y sobre todo la suciedad acumulada durante los años, Solo se podía leer la primera letra del nombre del obispo que ordenó la fundición de la Campana, le letra F.

Es decir, nos encontramos con un año mal interpretado, 1350, que por puro azar coincide en tiempo y lugar con la primera letra mal interpretada del obispo, Hugo de Fenollet, obispo de Valencia desde el año 1348 al 1356.

Continuando el trabajo de Mollá i Alcañiz, Llop i Bayó muestra en su estudio "Inventario de las Catedrales de España", como se extiende la inscripción de la campana en tres líneas, para de este modo, arrojar algo de luz sobre la teoría propuesta por Mollá.



La primera de ellas contiene la fecha:



+ AÑO DE NUESTRO SEÑOR DE 1305





La segunda de ellas una oración sencilla a la Virgen María:

L


+AVE MARIA GRACIA PLENA DOMINUS TECUM BENEDICTA TU IN MULIERIBUS ET BENEDICTUS FRUCTUS VENTRIS TUI. SANCTA MARIA ORA PRO NOBIS

(Dios te Salve María, llena eres de gracia, el Señor esta contigo, bendita tu eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Santa María ruega por nosotros)



Y la tercera el nombre del obispo que ordenó la fundición de la Morlana.



+ FRATER RAIMUNDUS VALENTINUS EPISCOPUS ME FECIT FIERI

(Hermano Ramón obispo de Valencia me hizo hacer)



Como podemos apreciar, y tal como apuntan Mollá i Alcañiz y Llop i Bayó en sus estudios, el error de confusión en la fecha vendría dado por la distinta longitud de los brazos de la letra U, ya que uno es mas largo que el otro, pudiéndose interpretar que se trata de una L (50) en vez de una V (5). De hecho, y tal y como apuntan estos autores, se puede apreciar esta distinta longitud de brazos en la palabra AUE (Ave) de la segunda línea.

Tras limpiar bien la tercera línea de la inscripción de la campana, se pudo observar que la F del nombre del obispo, se transformaba en R, pudiéndose comprobar que esta vez, y sin la participación del azar, la inicial correspondía perfectamente con la del obispo del Valencia del año 1305, Ramón Despont, obispo desde 1289 a 1312.  Parece ser que efectivamente, nos encontramos ante la campana más antigua de la catedral...¿o no?



El 29 de septiembre del año de 1238, un poeta e historiador   musulmán, Ibn al Abbar, firmaba entre otros, el acta de  entrega de la ciudad de Valencia al rey Conquistador.



Abu 'Abdullah Muhammad ibn 'Abdullah ibn Abu Bakr al Quda'i, más conocido por Ibn al-Abbar, fue en su época uno de los más  prestigiosos historiadores y poetas del ámbito intelectual valenciano. Escribió grandes biografías, y maravillosas poesías, pero las últimas líneas que escribió en su querida y amada ciudad de Valencia, también fueron las  más amargas.  Porque Ibn al Abbar,  además de ser un gran historiador y un  magnífico poeta, también fue un notable diplomático, siendo el  encargado  de redactar las capitulaciones de la ciudad.

Y es que la toma de Valencia por parte de Jaime I, vino de la mano de la toma de torres y minaretes por parte de las campanas. De hecho, con estas sentidas palabras, el poeta musulmán escribía estas palabras tras la entrada cristiana en la ciudad:

“!Pobre Balensiya! La voz que llamaba a la oración de las torres ha sido sustituida por el ruido de las campanas”.

Así pues, y según cuenta la tradición, el rey Jaime I portaba siempre consigo algunas de estas campanas de "campaña", las cuales eran de menor tamaño y peso que las que tiempo después coronarían los campanarios valencianos, campanas que según  se afirma, utilizaría el Conquistador para que se oficiara la primera misa tras la conquista de la ciudad.

En esta misa, que se ofició en lo que hoy es una pequeña capilla que se encuentra en la parte exterior del ábside, Jaime I rezó en honor a Sant Jordi, brindándole la victoria sobre los musulmanes.


Y es esta misma tradición, la que afirma que las dos campanas que se encuentran frente a la sacristía de la Catedral, son las mismas que el Conquistador utilizó para que se oficiara la primera misa tras la conquista, y aunque lo cierto es que no existe ninguna documentación histórica  para poder afirmar esta testimonio, no menos cierto es que todas las pruebas realizadas a estas pequeñas campanas afirman sin duda que por sus características son piezas del siglo XIII.

  


1 comentario :

  1. Impresionante!!, no puede ser mejor. Gracias por compartir sabiduría.

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