jueves, 17 de diciembre de 2015

La Catedral románica: ¿Quién de los mortales le quitará a Leviatán la piel que lo cubre?


"¿Quién de los mortales le quitará a Leviatán la piel que lo cubre? ¿O quién entrará en medio de su espantosa boca?
¿Quién abrirá sus puertas de esta boca o sus agallas? Espanta ver solamente el cerco de sus dientes.

Su cuerpo es impenetrable como los escudos fundidos de bronce, y está apiñado de escamas entre sí apretadas; la una está trabada con la otra, sin que quede ningún resquicio por donde pueda penetrar ni el aire.
Está la una tan pegada a la otra, y tan asidas entre sí, que de ningún modo se separarán.
Cuando estornuda, parece que arroja chispas de fuego, y sus ojos centellean como los arreboles de la aurora.
De su boca salen llamas como de tizones encendidos.

Sus narices arrojan humo como la olla hirviente entre llamas.
Su aliento enciende los carbones, y su boca despide llamaradas.
En su cerviz reside la fortaleza; y va delante de él la miseria.
Los miembros de su cuerpo están perfectamente unidos entre sí; caerán rayos sobre él, mas no por eso se moverá de su sitio.
Tiene el corazón duro, como piedra, y apretado como yunque de herrero golpeado de martillo.
Cuando él se levanta sobre las olas tienen miedo los ángeles mismos, y amedrentados procuran purificarse y aplacar al cielo.

Si alguno quiere embestirlo, no sirven contra él ni espada, ni lanza, ni coraza; pues el hierro es para él como paja, y el bronce como leño podrido.
No lo hará huir el más diestro arquero; para él las piedras de la honda son hojarasca.
Mirará el martillo como una arista; y se reirá de la lanza enristrada.
Debajo de él quedarán ofuscados los rayos del sol, y, andará por encima del oro, como sobre lodo.
Con sus bufidos hará hervir el mar profundo como una olla, y hará que se parezca al caldero de ungüentos, cuando hierven a borbollones.

Deja en pos de sí un sendero reluciente, y hace que el mar se agite, y tome el color canoso de la vejez.
En fin, no hay poder sobre la tierra que pueda comparársele, pues fue creado para no tener temor de nadie.
Mira debajo de sí cuánto hay de grande, como quien es el rey de todos los más soberbios animales".



De este terrible  manera describe el mismísimo Jehová a Leviatán en el libro de Job. Pero, ¿Que tiene que ver esta formidable y terrible bestia marina, siempre asociada a la figura de Satanás, con la Catedral de Valencia?


Pues aunque no lo parezca, mucho. A estas alturas nadie puede dudar de la belleza de la  puerta románica de la Almoina. Sus canecillos, sus capiteles historiados con pasajes del Antiguo testamento, su ventanal gótico, el cual pudimos ver en un artículo anterior...

Sin embargo, esta portada nos guarda un oscuro secreto, un secreto que durante todo el medievo hizo temblar a todo aquel que admiraba esta portada:  Leviatán.
Hasta trece veces podemos encontrar la representación de esta imagen bíblica en la puerta románica. Doce de ellas, de una forma un poco más impersonal, en los ángulos salientes de los codillos de las columnas, junto a los capiteles, y la última, el verdadero y terrible Leviatán, tal y como lo describe Jehová, en el la clave del guardapolvos de la portada.


Representación de Leviatán en la clave del guardapolvos de la portada de la Almoina

Esta figura del Antiguo Testamento tuvo una gran importancia durante todo el siglo XIII, siendo representada a menudo en las portadas y canecillos,  y tallada por distintas escuelas de canteros, como la leridana. Solía representarte de varias formas: en ocasiones, como la que aparece en nuestra portada, con una cabeza dentada. En otras, como una cabeza lenguada, barbada, incluso coronada.


Representación de Leviatán en los salientes de los codillos de las columnas de la portada de la Almoina.

Representación de Leviatán en los salientes de los codillos de las columnas de la portada de la Almoina.

Representación de Leviatán en los salientes de los codillos de las columnas de la portada de la Almoina.


Representación de Leviatán en los salientes de los codillos de las columnas de la portada de la Almoina.


Esta iconografía comenzó a utilizarse en diversos códices durante el siglo XII, siendo su mayor exponente el "Hortus Deliciarum" (Jardín de las Delicias) de Herrade de Landsberg, donde aparece la llamada "pesca de Leviatán". Comienza también en este siglo a ser representado con  sus fauces dentadas abiertas, esperando engullir a los pecadores en el Juicio Final.  Siguió representándose durante todo el siglo XIII y XIV como sinónimo de castigo ante la  perdición y el  pecado, aunque ya en siglos posteriores desaparece su significado incorporándose al imaginario monstruoso del plateresco, renacentista y barroco.

Toda la iconografía de animales fantásticos y maraña de tallos  del guardapolvo,  contrasta con la representación de  ángeles, serafines y querubines que podemos observar en la arquivolta de la portada. Pero  al fin y al cabo, este es su cometido y su mensaje: avisar a todos los pecadores de cual será su final. Angustiados por sus pecados (representados por los animales fantásticos), vemos como unas pequeñas figuras humanas, intentan huir de ellos trepando  a través del enredado entramado de tallos,  intentando alcanzar  por ambos laterales  el centro  del guardapolvos,  donde al final, les espera Leviatán...el infierno.


Figura humana (pecador) intentando huir de sus pecados trepando por el entramado de tallos del guardapolvos de la portada de la Almoina.



Detalle de una de las figuras humanas que trepan por el guardapolvos de la portada de la Almoina.



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