martes, 13 de septiembre de 2016

Las cadenas del puerto de Marsella. El trofeo de Alfonso el Magnánimo.


De estilo gótico florido, y con una superficie de 13 metros por lado y 16 metros de altura, la capilla del Santo Cáliz, antigua sala Capitular, fue ordenada construir por el obispo Vidal de Blanes entre los años 1362 y 1365.

Sin duda alguna,  el Santo Cáliz es la reliquia más venerada y querida no solo de toda la Catedral, sino de toda la cristiandad, pero esta capilla contiene otras auténticas maravillas, como el cenotafio del promotor de su construcción, el obispo Vidal de Blanes, el retablo de San Miguel pintado por Vicente Macip, o la Adoración de los Reyes de Nicolás Florentino, por poner solo algunos ejemplos.


Sin embargo, de lo que hoy os quiero hablar no es de ninguna de estas joyas, sino de las cadenas que cerraban el puerto de Marsella, así como del artilugio bélico, en forma de flecha de ballesta, que se utilizó para romperlas, y que se encuentran colgando de los muros de esta sala.



Cadenas del puerto de Marsella sobre el cenotafio del Obispo Vidal de Blanes.



Corría el año 1421 cuando Alfonso V, más conocido como Alfonso el "Magnánimo", se encontraba en el sitio de Bonifacio, en Córcega.  

Luis III de FranciaDuque de Anjou, junto con el general napolitano Muzio Attendolo Sforza, había ocupado la ciudad de Nápoles,  sitiando a la mismísima reina Juana II, quien pidió ayuda al monarca aragonés.


Como recompensa a la ayuda prestada, la reina Juana II adoptaba a Alfonso V como hijo y heredero, nombrándole Duque de Calabria. El rey aragonés fijaba entonces su residencia en Nápoles, nombrando regente de Aragón a su esposa María de Castilla.


Pero las buenas relaciones entre Alfonso V y Juana II se vieron truncadas cuando el rey aragonés detuvo al primer ministro napolitano, amante de la reina. Doña Juana se alió entonces con el que fuera su enemigo, el napolitano Sforza, quien intentó prender sin éxito al aragonés en una emboscada, protegido en todo momento y salvado del secuestro por  Bernardo de Centellesseñor de Nules.



Alfonso V el Magnánimo.


En la ciudad de Nola, en la provincia de NápolesJuana II revocaba la adopción del rey aragonés, nombrando como nuevo heredero a Luis III, Duque de Anjou.


Por si fuera poco, Alfonso V recibía al poco noticias de las incursiones que el rey Juan de Castilla estaba realizando por sus tierras, incluso llegando a hacer prisionero a su hermano D. Enrique, por lo que con parte de su armada emprendía rumbo a sus reinos peninsulares, dejando a su hermano Pedro como gobernador de Nápoles.


Sin embargo, al pasar por delante de MarsellaAlfonso V se detuvo. No podía olvidar de ninguna de las maneras las afrentas recibidas por Luis de Anjou, por lo que como represalia,  decidió atacar la ciudad y apoderarse de ella.


El estrecho y angosto puerto de Marsella estaba cerrado y protegido por una enorme y gruesa cadena, que fue rota por el valenciano Romeu de Corbera, quien consiguió partirla con una gran flecha de ballesta. Era el 19 de noviembre del año 1423.


La descripción sobre Marsella y su puerto dada en el "Victorial", la crónica de Don Pero Niño, conde de Buelna (1378-1453)  y escrita por su alférez Gutierre Díez de Games, nos puede dar una pequeña idea de con qué se encontró el rey Magnánimo.


"Marsella es una çiudad que está poblada alderredor de una mota redonda, i por las laderas della, e después abraxa el lugar fasta lo llano. De todas las partes es bien çercada, e de la parte del puerto no tiene çerca. El agua llega a las calles, e tiene calçadas altas. E tiene un puerto de mar, guardado de todos tienpos; tiene la entrada muy angosta, e çiérranlo e ábrenlo con una muy fuerte cadena de fierro. Está un grand farallo en medio del puerto, que zufre la cadena; non puede entrar navío nin salir sin mandado."


Plano de Marsella, año 1575.


Tanto la cadena que cerraba el puerto de Marsella, como el artilugio utilizado para romperla, se pueden admirar hoy en día en la capilla del Santo Cáliz, antigua sala Capitular.

La cadena, rota, se encuentra en dos pedazos, uno de 59 eslabones y otro de 70. En cuanto al artilugio de guerra utilizado para romperla, consiste en una barra férrea, recubierta de madera, y con forma de lanceta o flecha, con dos bolas de hierro sujetas con cadenas, cuya misión era la de servir de lastre.



Cadenas del puerto de Marsella. Catedral de Valencia.


Todo esto fue regalado por el Magnánimo a la Catedral de Valencia el año 1424, tal y como podemos ver en el libro de obras de la Catedral correspondiente a ese año, folio 18:


"Per manament  dels honorables senyors de capitol fiu dur ab un carro la cadena del port de Marsella, de casa del secretari del senyor Rey a la Seu. Costa de dur VII sol."


En un principio estos trofeos de guerra fueron colocados por petición del Magnánimo entre los pilares del Altar Mayor, donde permanecieron hasta el 28 de mayo del año 1779, cuando fueron trasladados a la antigua sala Capitular. En el año 1898 fueron colocadas en la disposición que hoy podemos ver.


Lanceta utilizada para romper las cadenas del puerto de Marsella.


Dibujo de la lanceta utilizada en el asalto a Marsella. Archivo de la Catedral de Valencia.


Quizás una de las anécdotas surgidas en torno a estas cadenas, y creo que desconocida para la mayoría de valencianos, sea la petición que hizo el poeta provenzal Frederic Mistral al poeta valenciano Teodoro Llorente: nada menos que la devolución de las cadenas a la ciudad de Marsella. Esta petición fue enviada por carta firmada por Maurice Raimbault en nombre de Mistral, pidiendo al valenciano que realizara las gestiones necesarias para la devolución de las preciadas cadenas. Corría el año 1907.

A pesar de la larga amistad que les unía, casi más de cuarenta años, Teodoro Llorente, tras consultar dicha propuesta con los canónigos de la Catedral Roque Chabás  y José Sanchis y Siverahizo oídos sordos a tal petición.

El 4 de abril de ese mismo año, el valenciano recibía otra misiva, esta vez firmada por Joan Monne, en la que le recordaba la petición hecha por Mistral. 

Sin embargo, el 8 de julio de 1907, Llorente recibía una última carta, esta vez de su querido amigo Frederic Mistral, en la que le explicaba que todo aquello había sido una pequeña broma hecha a sus discípulos, cuyo único fin no era otro que la diversión y el entretenimiento, pidiéndole disculpas por ello.

¿Qué hubiera ocurrido si Teodoro Llorente hubiese picado el anzuelo?

Pero Alfonso el Magnánimo no solo trajo de Marsella sus famosas cadenas, sino que además, trajo los santos despojos de San Luis, Obispo de Tolosa.

Pero como se suele decir, esa es otra historia...

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