domingo, 6 de marzo de 2016

Veinticuatro pasajes del Antiguo Testamento en la puerta románica de la Catedral de Valencia. (1ª parte).


Tiene la portada románica de la Almoina doce capiteles de estilo bizantino, con forma de pirámide truncada invertida, tal y como mandan los cánones,  preciosos, totalmente decorados, y como no podría ser de otra forma, totalmente sorprendentes y admirables. Estos capitales, seis a cada lado de la portada, representan veinticuatro pasajes del Antiguo Testamento, desde el Génesis, hasta el Éxodo.

 Decía de ellos el historiador del Arte Carlos Cid Priego, que "Sorprende que se haya empezado por el principio...". Desde luego no le faltaba razón.  Por norma general, lo habitual es que la narración historiada de este tipo de  capiteles, en los que se cuentan escenas del Antiguo Testamento,  comiencen con la creación de Adán, no con el principio de la creación, aunque bien es cierto que encontramos algunos otros ejemplos similares a los de la portada románica de la Catedral de Valencia.




Quizás uno de los primeros en estudiar estos capiteles fue el canónigo y archivero de la catedral D. Roque Chabás, quien ya hizo públicas sus conclusiones, primero en el año 1899 en el  "Boletín Sociedad Española de Excursiones", y un año después, en 1900, en el "Almanaque de las Provincias".

También el canónigo José   Sanchis y Sivera dedicaba un apartado a su estudio en su obra "La Catedral de Valencia", aunque según afirmaba el también canónigo Juan Ángel Oñate Ojeda, Sanchis y Sivera tan solo se limitó a copiar, con sus "errores", el estudio realizado por Chabás.

También hace referencia Oñate Ojeda al estudio realizado por el arquitecto inglés George Edmund Street, de que también afirma copió los datos de Chabás, algo sorprendente, ya que el arquitecto ingles murió en el año 1881, y como vimos anteriormente, la primera publicación realizada por Chabás fue en el año 1899, al igual que sorprende que no haga referencia en ningún momento al estudio realizado por el  historiador del Arte Carlos Cid Priego, quizás uno de los más completos.

Pero llegado a este punto, quizás lo mejor sea que disfrutemos de cada uno de estos capiteles, y que veamos que es lo que dicen los estudiosos de cada uno de  ellos, ya que seguro no nos dejan indiferentes.

Como ya dijimos, estos 12 capiteles se encuentran repartidos en número de seis a cada lado de la portada, representándose dos escenas en cada uno de ellos, lo que nos da un total de veinticuatro pasajes.  Comencemos pues por los capiteles de la primera columna del lado derecho de la portada, el lado izquierdo desde la perspectiva del observador, y así, sucesivamente.



Primera columna.  Escena 1.




Titula este pasaje Carlos Cid Priego como "El Espíritu de Dios flota sobre las aguas", mientras que el canónigo Oñate le da el título de "El Espíritu de Dios alentaba sobre la faz de las aguas".  Todos los estudios realizados parecen coincidir en su título (Génesis 1, 2), así como en su descripción.

"En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra empero, estaba informe y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo; y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas."

 En la parte superior podemos ver una esfera lisa, la cual representa al mundo, y que en su parte inferior se encuentra cubierta por una capa de ondas, representando la agitación de  las aguas. Sobre ellas, dice el canónigo Oñate que se encuentra una "paloma" con las alas desplegadas, representando al Espíritu de Dios. Por su parte, Cid Priego, no ve una "paloma", sino un "águila", con las "alas explayadas y la cabeza dirigida hacia la derecha", águila que le recuerda a "un extraño motivo heráldico".

También ve el canónigo Chabás un águila en la figura que representa el Espíritu de Dios, el Creador de todo lo visible e invisible, e incluso se aventura a afirmar que este águila tiene algún tipo de semejanza  con el águila heráldica de nada menos que Ceid-abu-Ceid, el último gobernador almohade de Valencia, quién ratificó su acuerdo de vasallaje con Jaime I en el año 1229, y quien se convirtió al cristianismo el 22 de abril de 1236 siendo bautizado con el nombre de Vicente Bellvís.




Dice el canónigo de la Catedral de Valencia que "Son de la misma época; pero se diferencian en que en el capitel se le han casi suprimido las garras; así tiene, efectivamente, más propiedad para representar al Espíritu de Dios  calentando la materia, es decir, dando calor a la naturaleza para sus transformaciones sucesivas".




Primera columna.  Escena 2.



Titula Cid Priego este pasaje como la "Creación de los espíritus y los ángeles", al igual que lo hacen los tres canónigos de la Catedral, Chabás, Sanchis y Sivera, y Oñate.

Es una verdadera pena que el paso de los siglos y las inclemencias del tiempo hayan maltratado este pasaje, donde podemos ver en lado izquierdo a Dios, majestuoso, ocupando prácticamente toda la altura del capitel. Han desaparecido parte de una mano, hombro y pecho, al igual que a desaparecido su cabeza, de la cual solo se conserva su nimbo radiado. Debió de mirar hacia su derecha, levantando su brazo en actitud reflexiva y razonadora, mientras con la otra mano parece recoger su ropaje talar, el cual cae en líneas rectas.

Frente a él, vemos representadas varias cabezas de pequeño tamaño, las cuales tal y como afirma Cid Priego, dan "sentido de masa" al conjunto, y que  representarían a los ángeles y los espíritus celestiales. Destaca de entre toda esta masa de pequeñas cabecitas un primer personaje que se encuentra de cuerpo entero, de rodillas, y con las manos en actitud de oración. Si nos fijamos bien, todavía es posible distinguir las alas junto alguna de estas pequeñas cabezas, frente a las  cuales también podemos ver algunas manos en posición de oración.

Sentencian sobre este capitel tanto Chabás como Cid Priego, que aunque bien es cierto que no se escribe en las Sagradas Escrituras sobre la la creación de los ángeles y los espíritus celestiales, esta se sobreentiende, ya que sí se cita en el Credo constantinopolitano, promulgado en el Concilio de Nicea en el año 325.



Segunda columna.  Escena 1.



Este primer pasaje de la segunda columna representa a la "Creación y ordenación de los cuerpos celestes." (Génesis, I, 14-19). 

Resulta curioso que esta vez Jehová, que al igual que en el capitel anterior se encuentra a la izquierda de la escena, y  prácticamente en la misma actitud, carezca de nimbo, puntualización que sí recoge Cid Priego, y que sin embargo no hacen ninguno de los tres canónigos de la Catedral.  Se encuentra señalando a un disco dividido en cuatro zonas concéntricas, según afirma Cid Priego, mientras dice el canónigo Oñate que lo hace a una esfera con cinco círculos concéntricos. En ambos casos, coinciden en que representan a los círculos del universo. Esta concepción del universo en forma de círculos concéntricos procede de las llamadas  "esferas pitagóricas" o "armonía de las esferas".

El canónigo Chabás ve en esta esfera cierto parecido con los nummulites paleontológicos, y como no, a las Tablas alfonsíes.

Nos dice sobre este capitel el canónigo Ángel Oñate, que representa al "Examerón u Obra de los Séis Días", en los cuales, y durante los cinco primeros días, se ordena la Naturaleza como morada para el hombre, ordenación representada en este primer pasaje, mientras el sexto día comprendería la formación del hombre (representada en el segundo pasaje).


Segunda columna.  Escena 2.



La creación de Adán. (Génesis I, 26-28).  Jehová, quien esta vez vuelve a estar representado con el nimbo, se inclina para insuflar la vida en el cuerpo de Adán, el primer hombre. "Formó el Señor al hombre del lodo de la tierra, e inspirole en el rostro un soplo de vida y quedó hecho el hombre con alma viviente".

Esta escena completa la obra del Examerón a la que aludía el canónigo Oñate.  Nos dice Chabás sobre este pasaje que no trata sobre la formación del cuerpo humano, sino de la creación del alma.
Por su parte, el historiador Cid Priego, recalca la importancia de este pasaje, siendo el momento cumbre de la Obra de los Séis Días, ya que "...no lo hace surgir el Señor con su habitual , sino que previamente toma tres veces consejo consigo mismo, lo modela con sus manos y le infunde el alma personalmente."

El conjunto se encuentra muy deteriorado. A la imagen de Jehová le falta parte de las piernas y de la cabeza, le falta un brazo y un antebrazo. Por su parte, Adán tampoco ha salido bien parado en su batalla contra el paso de los siglos. Tan solo se ha conservado de su imagen las piernas.


5 comentarios :

  1. Gracias estas haciendo un trabajo precioso.

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  2. Estas haciendo un trabajo precioso. muchas gracias.

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  3. Solo con ánimo de puntualizar tan interesante trabajo de documentación. En la segunda columna, escena 1 se afirma que Jehova carece de nimbo pero como fácilmente se puede observar en la fotografía de dicha escena, tal afirmación no es cierta.

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  4. Muchas gracias por la apreciación Jose María. Efectivamente sí se puede apreciar el nimbo en la imagen. En cuanto pueda revisaré de nuevo el texto y corregiré la información.

    Agradezco tu puntualización.

    Un saludo!

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