miércoles, 23 de diciembre de 2015

Las catorce miradas románicas de la Catedral de Valencia.


Sin  ninguna duda,  los canecillos de la puerta de la Almoina, son uno de los elementos  que más sorprenden y admiran al espectador que visita por primera vez esta portada románica. No en vano, han hecho correr desde hace siglos, ya no solo ríos, sino mares de tinta.

Al alzar la vista, nos encontramos con catorce rostros, los cuales conservan todavía algún resto de policromía. catorce rostros  repletos de vida, con ojos almendrados y cejas arqueadas, dejando dibujar en su cara una pequeña sonrisa  propia del gótico francés. Son un bello ejemplo de como el goticismo comienza a hacer mella en el románico.







Tal y como apunta el canónigo Juan Ángel Oñate, parecen estar representados como para ir a la iglesia: los hombres descubiertos, y las mujeres con la cabeza cubierta. Desde luego no se equivoca el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Valencia, Joaquín Bérchez, cuando afirma que "forman el primer retrato colectivo de unos pobladores nobles llegados a la ciudad de Valencia en el siglo XIII".

Entre cada pareja, grabados directamente sobre los sillares, encontramos los que deberían  ser sus nombres. Conozcamos pues un poco mejor a estas 14 miradas que nos observan desafiando el paso del tiempo.

El primer matrimonio, comenzando por la izquierda,  está formando por Pedro y María.


Pedro y María.


Inscripción en los sillares con los nombres abreviados.


Interpretación del los nombres abreviados.


Traducción de los nombres de los sillares.




Pedro.

Pedro parece ser un hombre joven, y a pesar de  sus ojos saltones y sus amplias mejillas, parece tener una mirada inexpresiva. Su barbilla es pequeña, y su nariz rota le da una rara expresión. Su pelo, largo y ondulado, cae a cada lado de su cara.


María.

María parece tener un cabello perfecto, con amplias ondas, y coronado con una bella tiara. Su nariz, como la de su  marido, está rota. Su expresión es más bien seria. 

Según el historiador Pere Antoni Beuter, serían naturales de "las Borguías", que correspondería con la población de les Borges Blanques, en Lérida.


El segundo matrimonio sería el formado por Guillem y Bartolomea.


Guillem y Bartolomea

Inscripción en los sillares con los nombres abreviados.


Interpretación del los nombres abreviados.


Traducción de los nombres de los sillares.



Guillem.

A pesar de la erosión, Guillermo nos sorprende por su enérgica mirada. Porta barba, y su peinado, partido, deja al descubierto su amplia frente.



Bartolomea.

Bartolomea, su esposa, parece portar sobre su melena larga y ondulada una especie de casquete semiesférico. Su bello y fino rostro contrasta notablemente con el de su esposo.

Beuter los hace autóctonos de Alcaraz, en Albacete, aunque es probable que lo fueran de Alcarrás, en Lérida.

La tercera pareja la forman  Ramón y Dolça.


Ramón y Dolça.

Inscripción en los sillares con los nombres abreviados.


Interpretación del los nombres abreviados.

Traducción de los nombres de los sillares.


Ramón.


Ramón, a pesar del gran desgaste sufrido, parece ser uno de los rostros más naturales de todo el conjunto, con expresión serena y mirada alta y enérgica. Al igual que Pedro, su pelo largo y ondulado cae a cada uno de los lados de su cara.


Dolça.

Dolça contrasta enormemente con su marido Ramón. Su mirada es inexpresiva, y dicha sea la verdad, parece algo vizca. Porta corona y collar de perlas.

Beuter les hace naturales de Ulldemolins, en Tarragona.

Les siguen Bertrán y Berenguela.


Bertrán y Berenguela.


Inscripción en los sillares con los nombres abreviados.


Interpretación del los nombres abreviados.

Traducción de los nombres de los sillares.


Bertrán.

Bertrán es de cara delgada y alargada, con los pómulos bien marcados, y  con barba y bigote. Sus labios son finos y contrastan con su nariz, amplia y larga. Tiene el cabello  largo y rizado.


Berenguela.

Su mujer, Berenguela, parece un poco coqueta, dejándonos ver una pequeña sonrisa en su cara. Su melena larga y rizada se encuentra coronada con lo que parece ser un tocado con perlas, con un pequeño barbuquejo.

Podrían ser naturales de Lérida.

Domingo y Ramona son los siguientes.


Domingo y Ramona.



Inscripción en los sillares con los nombres abreviados.


Interpretación del los nombres abreviados.

Traducción de los nombres de los sillares.

Domingo.


Domingo es bastante joven, sin barba ni bigote. Parece tener una pequeña expresión de desagrado en el rostro. Parece uno de los más serios del grupo.


Ramona.

Ramona, es sin ninguna duda, la más joven y bella de todas las mujeres representadas en este curioso retrato colectivo. Su sonrisa no deja indiferente a nadie. En su pelo ondulado lleva una bonita corona.

Según Beuter vendrían de la población de Carroça

El siguiente matrimonio es el formado por Francisco y Ramona.


Francisco y Ramona.



Inscripción en los sillares con los nombres abreviados.


Interpretación del los nombres abreviados.

Traducción de los nombres de los sillares.


Francisco.


Francisco nos recuerda enormemente a Bertrán. Por su parecido podríamos decir incluso que son hermanos.


Ramona.


Ramona, al igual que Berenguela, la esposa de Beltrán, porta sobre su cabello ondulado un tocado con barbuquejo, aunque algo más ostentoso.

Francico y Ramona habrían llegado a Valencia desde Alguayre, en Lérida.

El ultimo de los matrimonios está formado por Bernardo y Floreta.


Barnardo y Floreta.



Inscripción en los sillares con los nombres abreviados.


Interpretación del los nombres abreviados.

Traducción de los nombres de los sillares.


Bernardo.


Bernardo también es bastante joven, como Domingo y Pedro. Algo más escaso de pelo está peinado hacía atrás, dejando ver dos grandes orejas. Su sonrisa resulta bastante arcaica.


Floreta.

Florinda, su esposa, parece la más rolliza de todas, y su sonrisa parece un poco forzada. Sus cabellos se encuentran tocados por una corona.

Ambos serían, siempre según el historiador Beuter, oriundos de Pradés (Tarragona).

Pero, ¿A quiénes representan estos catorce rostros?

¿Fueron Pedro y María, Guillermo y Bartolomea, Ramón y Dolça, Bertrán y Berenguela, Domingo y Ramona, y Francisco y Florinda, los encargados de repoblar la Valencia conquistada trayendo consigo las famosas "300 doncellas"?

Sinceramente, no.

Lejos queda ya la veracidad de esta leyenda recogida por el historiador  Pere Antoni Beuter en el año 1551 en su "Segunda parte de la Coronica general de España y especialmente de Aragon, Cathaluña y Valencia", y que copiaron sin aportar ningún tipo de documentación otros autores como Olmo, Esclapés o  Escolano, a quién citamos textualmente para mejor conocimiento de dicha leyenda:

"y por que antes se entrase a dicha ciudad, el rey mandó echar un bando en su real, que el primero que señalase la entrada y toma de ella por la fuerza de las armas, le había de dar, pobladores, moneda y peso y medida. Fue el caso que hubo que ventilar, qué gente puso mayor peligro en el sitio de entrada, para premiarle con la misma moneda se siguiera al efecto. Y fue resuelto que tres hombres que abrieron la batería del adarve, cuando se batía el muro con el trabuco, le redujeron a mayor peligro y apretura. Averiguase ser naturales de Lérida y entonces se decretó que diese Lérida peso y medida a Valencia y mujeres para casar con pobladores; repartiendo con ellas y ellos el rey tierras para vivir. En cumplimiento de esto llegaron de Lérida y su comarca trescientas doncellas, que traían por cabezas siete casados con sus mujeres de la misma ciudad, que fueron -como lo escribe Beuter- Beltrán con su mujer Berenguela, y cincuenta doncellas, las más de la parroquia de San Martín. De Alcarraz, Guillem y su mujer Berenguela, con cuarenta. De Alguaira, Francisco con su mujer Remonda o Ramona, y cincuenta doncellas. De las Borjas, Pedro y María, con sesenta. De Vall de molíns, Ramón y su mujer Dolça, con cuarenta. De Sarroca, Domingo con Ramona su mujer, y treinta y cuatro. De Prades, Bernardo con Floreta, y veintiséis, que por todas fueron trescientas las mujeres; y casaron con soldados valerosos, por manos del rey; mejorando de dote a las feas, porque se tuviesen satisfechos los maridos. La memoria de los siete casados que vinieron por caudillos de aquel escuadrón de amazonas para que de ella quedase eternamente, mandó el rey ponerla en piedra en lo más alto de la portada de la iglesia mayor, que sale al palacio del arzobispo, con los rostros de los hombres y mujeres esculpidos". (Escolano, Gaspar Juan. Décadas de la Historia de la Insigne y Coronada Ciudad y Reyno de Valencia, Valéncia, 1.610-1.611)".

Pero aunque damos a Pere Antoni Beuter el honor de haber  sido el primero en recoger esta famosa leyenda, ya otros lo hicieron antes que él. Pere Tomic, entre otros, en sus "Histories e Conquestes de Cathalunya", publicadas en el año 1495, ya hacía referencia al que parece el germen de esta leyenda. Nos habla Tomic de que una vez conquistada la  ciudad de Valencia, Jaime I hizo traer 1000 doncellas desde Lérida y Urgel para casarlas con los conquistadores.

Sin embargo, Beuter  fue capaz de darle otra dimensión a esta narración legendaria, enlazando esta leyenda contada por Pere Tomic y por Gabriel Turell, con los rostros del tejaroz de la puerta de la Almoina. Beuter trabajó sobre las inscripciones de los sillares donde aparecen sus nombres abreviados, interpretándolos y relacionándolos con los gentilicios más frecuentes en esa época, y asociándoles un lugar de procedencia.


Ya el padre Teixidor en el año 1767,  en sus "Antigüedades de Valencia" desmentía tal hecho, dando por falsa la famosa leyenda de las 300 doncellas. Posteriormente, Sanchis y Sivera, también dudaba de que estos rostros representaran a los fundadores de la ciudad de Valencia, afirmando que probablemente, pertenecieran a los benefactores o donantes que contribuyeron  para que se realizara la construcción de esta portada. 

Este hecho no sería nada descabellado. De hecho, en la puerta de los Apóstoles, podemos ver entre otros, los escudos heráldicos de los personajes que contribuyeron a su construcción.

Aunque esta es, hoy por hoy, la opción más aceptada por la mayoría de  historiadores e investigadores, también es cierto  que el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Valencia, Joaquin Bérchez y la profesora Mercedes Gómez Ferrer, barajan la posibilidad de que efectivamente fueran los primeros moradores cristianos de la ciudad de Valencia tras su etapa árabe, desechando claro está, la leyenda de las 300 doncellas.

A pesar de todo, sí hay que reconocer la gran labor realizada por el historiador Beuter al intentar identificar los nombres de los rostros que aparecen en los canecillos de la portada de la Almoina, ya que hoy por hoy, y a falta de documentación, siguen considerándose totalmente válidos.

Quizás algún día consigamos saber quienes fueron realmente estos catorce personajes que nos observan cuando paseamos por la plaza de la Almoina, o quizás no. Lo cierto es que ahí están, testigos mudos de la historia de nuestra ciudad.

 Si estas catorce miradas hablaran....








5 comentarios :

  1. Interesante todo ello, pero hay un aspecto fundamental que no comentas en la entrada: esa puerta la realizó un taller de picapedreros procedente de Lleida, que se desplazó durante la repoblación. Tal como ha recogido la historiografía al uso, la puerta reproduce las constantes de la denominada "Escuela de Lleida" del siglo XIII. Curioso que una puerta con esa leyenda fuese ejecutada por artesanos leridanos, no?

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    1. Querido amigo, sobre el origen de esta portada también se han escrito ríos de tinta. Efectivamente siempre se ha pensado que fue realizada por canteros de la escuela leridana, sin embargo y según un estudio realizado sobre las marcas de cantero de esta puerta, cada vez cobra más fuerza la teoría de que fue realizada por maestros oscenses. La coincidencia, según apuntan, de las marcas de la puerta del Palau con las de la portada de Foces, en Ibieca (Huesca) es total...pero eso lo veremos en una próxima entrada

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  2. Muy interesnte. Yo soy más partidario del mecenazgo que de la repoblación, y es la versión que doy cuando me preguntan por las 14 cabezas. Lo que no tengo tan claro son las marcas que hay a la derecha de la puerta, no me acaba de convencer la idea de que sea el lugar donde el verdugo afilaba el hacha... ¿cuchillos de mercaderes, quizás?

    Un saludo

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  3. Muy interesante y ameno. Felicidades. Los rostros me recuerdan muchísimo a las ménsulas de La Seu Vella de Lleida, parecen hechas por el mismo taller.

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  4. La puerta también se conoce como "Porta dels Lleidatans"

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