sábado, 12 de diciembre de 2015

La garra de San Lorenzo.


Hoy quiero presentaros otro de los  "misterios" o curiosidades con los que nos topamos en la Catedral de Valencia.  Le he querido llamar cariñosamente  la "garra de San Lorenzo". De nuevo y al igual que ocurre con las "garras" de las columnas de la Catedral que vimos anteriormente, nos encontramos ante un vacío documental para poder esclarecer o averiguar que es lo que había, o todavía hay bajo los pies de la imagen de San Lorenzo, en la portada de los Apóstoles.

Nuevamente nos encontramos ante un elemento que pasa totalmente desapercibido para el visitante. En el lado izquierdo de la portada de los Apóstoles (el lado derecho del espectador) se encuentran las imágenes de San Sixto, Papa,  y de San Lorenzo, su diácono.

San Sixto (decapitado) y San Lorenzo. Puerta de los Apóstoles.


Según afirma la tradición, el Cáliz de la Última cena llegó a España enviado por San Lorenzo, Cáliz que acabó siendo custodiado  en el monasterio de San Juan de la Peña (Huesca).  Pasó a finales del siglo XIV  a manos de la familia real aragonesa, cediéndolo el rey "Magnánimo" a la Catedral de Valencia a mediados del Siglo XV en prenda por un préstamo concedido por el cabildo.

Pero volvamos al tema que nos ocupa, la "garra" de San Lorenzo.

Si observamos a primera vista ambas figuras,  no encontraremos nada que se salga de lo normal, salvo la "decapitación" de San Sixto. Esta es la visión que cualquier visitante tendría de la imagen de los dos santos.

Sin embargo, como podremos apreciar en las siguientes imágenes, si miramos algo más abajo, podremos apreciar como una garra sale del interior del muro, justo por debajo de los pies del diácono.

Inadvertida para la mayoría de la gente, esta garra parece querer salir del interior de la Catedral, pidiendo no caer en el olvido y en el abandono, deseando contarnos su historia y su leyenda.

Garra bajo los pies de San Lorenzo. Puerta de los Apóstoles.


Detalle de la garra. Puerta de los Apóstoles.

¿Qué puede representar esta garra?

¿Es el único resto que de la imagen o figura que se hallaba bajo los pies de San Lorenzo ha dejado la erosión?...parece bastante improbable.

¿Se ha sepultado a conciencia tal imagen dejando olvidada su garra?.

Demasiadas preguntas sin respuesta, que por el momento, nos es imposible contestar.

Aunque como dijimos más arriba es cierto que la documentación e información sobre esta garra es prácticamente nula, no es menos cierto que en la misma portada de los Apóstoles aparece una imagen que  se repite con frecuencia. Una imagen cuya garra, con tres dedos, como la de San Lázaro, juguetea libremente sobre pilastras y jambas: la  Tarasca.

Tarasca en la puerta de los Apóstoles de la Catedral.

La Tarasca, símbolo de Santa Marta, suele representarse como un fiero monstruo con cabeza de león o dragón, orejas de caballo,  cuerpo de tortuga, un terrible aguijón como los de los escorpiones y seis pequeñas patas, con tres dedos o uñas.

Tarasca en la puerta de los Apóstoles de la Catedral.


Tarasca en la puerta de los Apóstoles de la Catedral.

Según cuenta la tradición, Santa Marta, hermana de Lázaro, marchó a Occitania tras la muerte de Jesús. Es allí donde los habitantes de un pequeño pueblo, Tarascón, le pidieron ayuda para poder derrotar a una terrible bestia que asolaba la población. Santa Marta mediante plegarias y agua bendita,  consiguió amansar a la bestia, la cual paseó por las calles de Tarascón atada con una sola correa.

Esta misma bestia, la Tarasca, podemos verla representada en la procesión del Corpus Crhisti de Valencia.

Imagen de la Tarasca en la procesión del Corpus Crhisti de Valencia frente a la puerta de los  Apóstoles.


El primero en favorecer esta procesión en la ciudad de Valencia fue el obispo Hugo de Fenollet, aunque bien es cierto que no tuvo continuidad hasta el año 1372, año desde  el que se celebra ininterrumpidamente dicha procesión.

¿Pudo pertenecer esta garra de San Lorenzo a la Tarasca?, esperemos que algún día podamos conocer cual es su verdadero origen. Por el momento, solo podemos imaginar.


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