domingo, 6 de agosto de 2017

El Retablo Mayor de la Catedral de Valencia. Segunda parte: el retablo renacentista. Siglos XV-XVI.


En el año 1470, y tras el desafortunado incendio sufrido por el retablo de la Catedral de Valencia, Rodrigo de Borja y el Cabildo Catedralicio abrían concurso para designar y elegir a los artífices encargados de realizar el nuevo Retablo Mayor de la Catedral.

Para ello, los plateros que quisieran optar al trabajo, debían moldear una imagen de San Bartolomé a semejanza de las pintadas por el maestro florentino Nicolás, quien cobró XXIV sous per dos ymages de Sent Berthome que pinta e deboxa per dar mostres als argenters, tal y como podemos ver en el Libre de obres vol. 1506.


"proyecto de restauración y dorado del retablo mayor de la catedral" de Gaspar Leo, año 1735. Alzado en tinta ferrogálica con aguadas en gris, rojo, blanco y sobredoerado en papel artesanal verjurado en color crema, y dimensiones de 412 x 575 mm.



Entre los plateros que se presentaron al concurso se encontraba Nicolás Cavilla, quien aparece documentado en el protocolo del Notario Juan Esteve, donde en nota fechada el 26 de octubre de ese mismo año, y junto a su esposa Francisca, daba como fianza los 18 marcos y 6 onzas de plata que habían recibido ad opus conficiendi quoddam ymaginem Sti. Bartholomei, es decir, por la tarea de hacer una copia de la imagen de San Bartolomé. También se tiene constancia de que participara en este concurso Jaime Benajam, aurifex civitatis cesarauguste, platero natural de Zaragoza, quien cobraba el 4 de abril de 1471 63 libras y 10 sueldos  ratione expensarum el laborum factorum in pictura mostre retrotabuli altaris maioris et laborum manufacture cuiusdam ymaginis argenti Sti. Bartholomei, es decir, por la mano de obra y los esfuerzos y trabajos realizados en la pintura del retablo del Altar Mayor, así como en la construcción de ciertas imágenes de plata de San Bartolomé.



Réplica a escala del retablo renacentista de plata de la catedral de Valencia, perdido en la guerra de la Independencia, y tomado a partir de un dibujo atribuído al platero Gaspar Leo conservado en el museo de la Catedral de Valencia. Piro Orfebres. http://www.pirorfebres.com/


Finalmente y para sorpresa de todos, ninguno de los plateros que se presentaron al concurso pasó la prueba puesta por el Cabildo, así que continuaron el trabajo los mismos plateros que lo habían comenzado.

Ya aparecen documentado entre los años 1481 y 1482 pagos por los trabajos realizados al maestro Francisco Cetina, quien había trabajado anteriormente, en el año 1471,  con los maestros Davo y Castellnou en la construcción de la Virgen de plata para el Altar Mayor,  junto al pisano Barnabo Thadeo di Piero di Pone, y  junto al alemán Agustín Nico.

Uno de los grandes benefactores para la construcción de este nuevo Retablo Mayor fue el caballero, poeta, y sacerdote valenciano Joan Rois de Corella, quien personalmente predicó en el año 1489 la indulgencia concedida por Calixto III  para financiar dicho trabajo. 


Retrato de Joan Rois de Corella.


Hay que decir que para expresamente y para este menester, el Cabildo creó en el año 1486  un libro para anotar todos y cada uno de los gastos, procedencia y materiales empleados en la construcción del retablo, libro que lleva por título Libre de la obra del retaule de argent de la seu de Valencia e altres coses, y que se encuentra en el Archivo de la Catedral signado con el número 1506.

Según se puede ver en las anotaciones de este libro, en el año 1489 se le encargaba al platero Francisco Cetina la elaboración de la escena de la Asunción, recibiendo para ello las cabezas de plata de San Juan, San Pedro, San Pablo, San Judas, San Simón, la Virgen, y algunos trozos más de plata que se habían salvado del antiguo retablo.

Un año después, en 1490, se le encargaba al platero Jaime Castellnou la fabricación de la escena del Espíritu Santo. Sin embargo era  Barnabo Thadeo di Piero quien no solo se encargaba de la ejecución de la mayor parte de la escenas del retablo, sino que era también el encargado de repasar y corregir los trabajos de los demás plateros. En el año 1492 se le encargaba la realización de los bajorrelieves correspondientes a las escenas de la Natividad, la Adoración de los Magos y la Ascensión que se colocarían a los lados de la Virgen.

 A Agustín Nico se le encargaba la escena de la Coronación en el año 1494, sin embargo esta no gustó al Cabildo, ya que contenía una gran cantidad de defectos e imperfecciones, por lo que de nuevo fue fundida. En el año 1498 se le encargaba de nuevo a Barnabo las dos ultimas escenas del retablo: la Anunciación y la Resurrección.

Finalmente el retablo se concluía en el año 1506. El Cabildo encargaba a los plateros Marcos Catrellenes, Jerónimo Martí, Guillem Casanova, y Jaime de Santa Fe, que revisaran, inspeccionaran, y reconociesen el trabajo realizado, para de este modo dictaminasen si cumplía todas las capitulaciones del contrato.

Gracias al protocolo del notario Jaime Esteve sabemos que tras esta revisión, solo faltaba fer e obrar en la pastera o casa on sta la ymage de la santa reina Verge María. Para rematar el trabajo se firmaba el 15 de mayo de 1507 un nuevo contrato con Juan Cetina, contrato en el que el platero se comprometía a obrar la dita pastera de argent ab quatre angels dos baix als costats de la maria, e dos alt volant ab titols en les mans, e damut la volta de la pastera fara la coronacio de la verge maria a voluntat del dit Reverent Capitol e segons la intensio que li es stada donada e mostra que lo dit Johan Cetina ha fet.

A modo de curiosidad, decir que antes de estar terminado el retablo, en las grandes festividades de la Virgen, se ponían en él las historias que hasta el momento estaban labradas, siendo varios sacerdotes los encargados de custodiarlas día y noche. Una vez terminada la festividad, se volvían a guardar en unos cajones construidos ex profeso para ello, según podemos leer en los libros de obra de la Catedral correspondientes a los años 1499, 1502 y 1505.

No hace falta ni decir que este retablo fue desde ese momento una de las joyas que en más alta estima tuvo el Cabildo.

Fray Josef Teixidor (1694-1775) hacía en el tomo I página 236 de su obra Antigüedades de Valencia, una perfecta descripción de esta obra, descripción que aquí reproducimos por su interés, intercalando a su vez las imágenes en detalle del dibujo que de este retablo hizo Gaspar Leo en el año 1735 y que se encuentra en el Archivo de la Catedral de Valencia con signatura H.2.2:


Está repartido este precioso retablo en diferentes cuadros. En el de en medio se representa el tránsito de la Virgen y su virginal cuerpo está puesto sobre la cama, y alrededor revelados los once apóstoles: San Pedro con un libro en la mano izquierda y en la derecha un hisopo. San Juan Evangelista está incensando con un turíbulo, y los demás como que le cantan alabanzas. En la parte superior de este cuadro está Cristo como que recibe el alma de su santísima Madre. En el cuadro de la mano derecha está el sepulcro de la Virgen, y en el de la izquierda Santo Tomás Apóstol mirando al cielo, triste y desconsolado por no haberse hallado a la dormición de la Virgen, y cómo esta Señora arroja una cinta que le consuela. En el cuadro de la mano derecha está el sepulcro de la Virgen, y en el de la izquierda Santo Tomás Apóstol mirando al cielo, triste y desconsolado por no haberse hallado a la dormición de la Virgen, y cómo esta Señora arroja una cinta que le consuela. En las dos esquinas superiores de este cuadro hay dos profetas rodeados con dos versos relativos al misterio. Pesa la plata de todo este cuadro 156 marcos y cuatro onzas.



Sobre este cuadro está el nicho de la Virgen en forma de una capilla. Toda su orla está adornada de muchos ángeles, y por la parte interior de serafines. La imagen de la Virgen es de cuerpo entero, colocada en pie sobre un pedestal de plata  de hasta dos palmos de alto; tiene el niño Jesús en su izquierda, y en la derecha un ramo de azucenas. Su manto está dorado , sembrada toda su orla de perlas de cuenta del tamaño de un huevo de paloma, adornado con ocho piececitas de oro y perlas: cuatro de ellas tienen en medio una esmeralda, y las otras cuatro cada una tiene una turquesa, y por la orilla van sembradas las perlas de cuenta. Lleva la virgen en uno de los dedos de la mano derecha una sortija con un topacio de gran precio. Tiene de alto la imagen, tomada la dimensión de la punta del pie hasta la cabeza, ocho palmos; ella y el niño tienen corona y diademas; y hay dos profetas por asistentes, de tres palmos de alto cada uno. Pesa la plata de las estatuas de la Virgen, Niño y profetas, ciento sesenta y nueve marcos y cuatro onzas, y la del nicho, trescientos y siete marcos.



En la parte superior , en medio, está el cuadro de la Coronación de la Virgen: ésta está en medio coronándola el Padre Eterno y su Hijo, y en la parte superior el Espíritu Santo que asiste a la coronación: todas estas imágenes son de gran bulto y bien formadas, y pesa la plata de este cuadro noventa marcos y seis onzas.



A la mano derecha del altar y al lado de dicho cuadro, está en otro la embajada del arcángel San Gabriel a la Virgen, que está arrodillada, leyendo en un libro puesto sobre un fascistol: el aire mueve tres hojas del libro, con tal propiedad como si fueran de papel. El San Gabriel es de cuerpo entero, y en la parte superior está el Padre Eterno asistido de muchos ángeles; y en las esquinas del cuadro dos profetas relevados con sendos versos al misterio. Pesa todo este cuadro 149 marcos y dos onzas.



Debajo de este cuadro hay otro que representa El Nacimiento y los Pastores que adoran al recién nacido, y en la parte superior está el ángel que les anuncia el misterio, y en las esquinas dos profetas relevados con su verso cada uno apropiado al misterio. Es todo su peso 113 marcos.



El último cuadro del orden de la mano derecha representa la Adoración de los magos. Está sentada la Virgen teniendo en los brazos al Niño Jesús, San José que le asiste, y los tres magos que le adoran y ofrecen dones, número de criados y camellos para el servicio de sus personas. En la parte superior se ve formado un monte, y sobre él un donoso castillo, y al rededor muchas ovejas , paciendo las yerbas del campo, y los tres magos algo desviados del castillo, mirando al cielo cuando se les aparece la estrella. Pesa la plata de este cuadro 135 marcos y cuatro onzas.



Tomando el primer cuadro de mano izquierda, que tiene su asiento en la parte superior de la orden tercera, se representa en él Cristo resucitado, cuya imagen es de buena estatura y de cuerpo entero, dos ángeles que le asisten y los soldados que guardan el sepulcro, unos caídos en el suelo y otros como que huyen confusos mirando al Resucitado: y en las esquinas de la parte superior dos profetas con versos acomodados al misterio. Pesa su plata 154 marcos y cinco onzas.



Debajo de este cuadro , y en el segundo de este orden, está representada la Ascensión del Señor a los cielos. Está sentada la Virgen sobre un sitial, asistida de los apóstoles y otras personas mirando al Redentor como sube al Empíreo. Pesa 138 marcos y cinco onzas.



El último cuadro de la parte inferior de este orden representa la Venida del Espíritu Santo: la Virgen está sentada en un trono, acompañada de los apóstoles y otros muchos personajes. Pesa su plata 156 marcos.



Las ocho pilastras que comparten y dividen los dichos nueve cuadros, pesan 117 marcos y dos onzas. El total peso del retablo es de 1684 marcos y ocho onzas. Tiene de alto el retablo, medido solo lo que es plata, veintiocho palmos y de ancho veintidós.

Pero para terminar de embellecer aún más este precioso retablo, el 1 de marzo del año 1507 el Cabido firmaba contrato con Fernando de los Llanos y Fernado Yáñez de la Almedina para que pintaran las puertas que debían cerrarlo. Unas puertas de tan gran belleza, que el propio Felipe II cuando las vio en su visita a la Catedral, exclamó: ¡El altar es de plata, pero sus puertas son de oro!

Pero esa, ya es otra historia...

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