sábado, 6 de mayo de 2017

Iluminando el lado oscuro: la ŷāmiʻ, la Mezquita Mayor de Valencia.


Es curioso que al hablar en líneas generales sobre la historia de la ciudad de Valencia, y en particular sobre la de la Catedral, se tome casi siempre como referencia y punto de partida la conquista de la ciudad por parte del rey Jaime I.

Tras la toma de  Balansiya en el año 1238, la Aljama, la Mezquita Mayor de Valencia, era consagrada y reconvertida en iglesia, y unos años más tarde, en el año 1262, se ponía la primera piedra la de que sería la gran Catedral de Valencia.

Pero como suele ocurrir en esta vida, todo tiene un pasado y una historia, y nuestra querida Catedral no iba a ser menos.


Recreación de la muralla de la ciudad de  Balansiya  con el alminar de la Mezquita Mayor. Imagen realizada por Isabel Balensiya.

Tan oscuro parece ser que fue ese pasado, que hasta las leyendas quisieron desde el principio borrarlo de la memoria, haciendo incluso que el propio Jaime I armado con un gran martillo de plata y seguido de algunos de sus caballeros, redujera a escombros la Mezquita Mayor de Valencia en apenas unas horas.

Así lo contaba Beuter en su Segundo Libro de la Crónica General de España, y especialmente de Aragón, Cataluña y Valencia  cap. XXXXI (año 1551), y que después repetirían otros como Teixidor en sus Antigüedades de Valencia:

 Concertó el día señalado  ayuntados muchos maestros de casas con sus instrumentos para derribar, vino el rey en procesión hasta la Yglesia Mayor que estaba como la hallara labrada a la morisca y tomando pico en la mano, hecha primeramente oración a Dios, dio el primer golpe para derribar lo que fuera la mezquita y después el obispo puso la primera pedra en lo que avia de ser iglesia...

Nada más lejos de la realidad. La Mezquita Mayor de Valencia fue utilizada como Catedral hasta la construcción de su nueva fábrica en el año 1262.


Manuscrito del archivero de la Catedral, Joan Pahoner, donde aparece el dibujo de la que fue piedra fundacional de la Catedral de Valencia. Imagen del proyecto "traer a la memoria" de Joaquín Berchez.


 Es de justicia pues, que este lado oscuro sea iluminado y dado a conocer. Un lado oscuro lleno de esplendor y de historia, y al fin y la cabo, un lado oscuro que también a forjado parte de nuestras costumbres y nuestras tradiciones.

Pero comencemos por el principio, aunque sea de forma muy breve y general, hasta llegar a nuestro destino, la Mezquita Mayor de Balansiya.

Ya existió en época romana un templo dedicado según afirma la tradición a la diosa Diana, aunque bien es cierto que no contamos con documentación que asegure esta advocación. Durante la dominación romana eran varios los dioses que se adoraban en Valentia, como Asclepio, dios de la medicina, y del que podemos ver restos del templo bajo su advocación en el museo de la Almoina, Hércules, Júpiter, o Isis.

Estos templos, junto con el foro, la curia, y la basílica, vendrían a ocupar el lugar que ocupan en la actualidad la plaza de la Virgen, la plaza de la Almoina, y la Catedral.


Recreación de la Valentia romana. Museo de la Almoina.


Sin embargo ya esta época esplendorosa de la Valentia Romana quiso en algún momento de la historia ser borrada y eliminada, aunque en algunos casos fuera nuevamente a través de la leyenda.

Fue Gaspar Juan Escolano quien en su obra Década primera de la insigne y coronada ciudad y Reino de Valencia (1610-1611) atribuyó al rector de la Universidad de Valencia Joan Salaia, el enterramiento de gran cantidad de lápidas e inscripciones romanas bajo el puente de Serranos  durante el año 1517.

Aunque durante años se dio veracidad a esta noticia, lo cierto es que hoy por hoy y con los datos que tenemos, podemos afirmar con toda seguridad que no se trata más que de una leyenda inventada por Escolano.

En cambio ya no es leyenda la destrucción, de al menos dos inscripciones romanas que se encontraban en la Catedral, por parte de fray Isidoro Aliaga, Arzobispo de Valencia entre los años 1612 y 1648.

Estas inscripciones eran ya conocidas antes del siglo XVI, y estaban dedicadas a los hijos del emperador Decio. Una a su hijo mayor y otra a su hijo menor, y se encontraban en la actual capilla de San Agustín.

Tras la caída del imperio romano, el trazado urbano de la Valentia del Bajo imperio se mantuvo, siendo  bastante difícil diferenciar los restos encontrados y datados en el siglo V, cosa que ya no ocurre con los restos de edificaciones encontrados  correspondientes a los siglos VI y VII.

A modo de curiosidad, decir que la ciudad de Valencia aparece por primera vez citada en las crónicas visigodas en el año 584, año en el que el rey Leovigildo desterraba de la ciudad a su hijo Hermenegildo, quien se había convertido al catolicismo y se había rebelado contra su padre.


Basílica Visigoda de Valencia.Recreación en el museo de la Almoina,

En cuanto al primer espacio cristianizado, ocuparía parte de lo que fue el edificio administrativo del foro romano. Poco o nada sabemos de él, ya que fue totalmente  arrasado durante el siglo V. Sería de escasas dimensiones y bastante parco en adornos y ornatos.

Algo más conocemos de la Basílica visigoda que ocupó gran parte de la plaza de la Almoina y parte de la actual Catedral. Tendría unas dimensiones de 40 x 50 metros, y contaba con dos capillas situadas a ambos lados del ábside, el cual tendría unas dimensiones de aproximadamente 15 metros de diámetro. Junto a esta basílica se encontraba un pequeño cementerio con apenas veinte tumbas, cementerio que fue complementado con otro de distintas características y mayor ornato a finales del siglo VI.


Restos del ábisde de la Basílica visigoda de Valencia. Museo de la Almoina,

Este recinto episcopal contendría además, otros edificios y espacios, estando cerrado al resto de la ciudad, y concentrando al mismo tiempo que el  poder religioso y espiritual, el poder judicial, político y económico.

Tras la conquista musulmana en el año 711, parece que Valencia cae en un periodo oscuro donde la documentación e información es bastante pobre, aunque sí sabemos que con la llegada al poder de Abd al Raman I tras constituirse Córdoba en un emirato independiente del califato de Bagdad en el año 756,  Valencia sufre una islamización prácticamente total, recibiendo por parte de los geógrafos musulmanes el nombre de Madinat al-Turab, ciudad de tierra,  ya que gran parte de la población reniega de su fe cristiana, unos por conseguir y facilitar su inserción en la nueva sociedad, y otros simplemente para evitar el pago de los impuestos que gravaban a la población no musulmana.

Esta época algo oscura y confusa, contrasta con el auge de la ciudad en los siglos XI y XII, donde adquiere un desarrollo social, económico, cultural, y como no, arquitectónico, que situará a la ciudad de Valencia en una posición inmejorable.

Desde luego debió de ser una ciudad imponente, rodeada por su muralla, llegando a tener más de diez mezquitas de relativa importancia, ocho cementerios, zocos, palacios, bibliotecas, nada menos que quince baños, una importantísima escuela de traductores, otra de medicina...


Restos de la muralla árabe de Balansiya.


En cuanto al tema que nos ocupa,  la mezquita, era el centro en torno al cual se articulaba la vida de la ciudad. Representaba el centro religioso, intelectual y jurídico de Valencia. En su interior, se reunía el Tribunal de las Aguas, fundado en el siglo X, y que fue trasladado al exterior cuando la mezquita se convirtió en iglesia.

Se sabe que estaba rodeada por cuatro plazas, plazas que en el siglo XIV recibían los nombres de las Coles, las Gallinas, la Leña y la Almoyna , y en las cuales se podían encontrar varios zocos. Debía estar situada junto al alcázar, en su lado oeste , y ocuparía, al menos primitivamente, una parte del  terreno donde se situaba el antiguo conjunto basilical paleocristiano.

En cuanto a su fecha de construcción, hoy por hoy, es totalmente imposible precisarla.

Debió de estar orientada su qibla hacia el Sur, algo bastante habitual en las mezquitas construidas en la vieja Al-Andalus, y más si en esta construcción intervino un alfaquí. El motivo de esta irregularidad en la orientación no sería otro que la de diferenciarse de los cristianos, tal y como apunta Mónica Rius, profesora de Historia del Islam y Árabe de la Universidad de Barcelona, ya que estos orientaban sus iglesias hacia el Este. Es por este mismo motivo por lo que al ser reutilizado un templo cristiano, como debió ocurrir en Valencia, se situaba el mirhab en el muro sur, con el único objetivo de no rezar en la misma dirección en que anteriormente lo habían hecho los cristianos.

De esta forma, y al reutilizar los musulmanes las iglesias cristianas de forma transversal, el ábside, situado al este,  dejaba de ser el núcleo del edificio, pasando e ser el mirhab, orientado al sur, el foco de atención del edificio.

Contaría también la mezquita con un alminar, una torre desde donde el almuédano convocaba a los fieles a la oración cinco veces al día, al igual que dispondría  de un patio llamado shan, donde se encontraba la fuente de las abluciones, donde los creyentes se purificaban antes de la oración.

Partes de la que estaría compuesta la Mezquita Mayor de Balansiya. Web de "Materiales de Historia y Geografía".



Ya en la zona cubierta de la mezquita, el haram, las naves se situarían perpendiculares a la qibla, siendo su entrada principal la actual portada gótica de la Catedral.

Sí sabemos gracias a algunas crónicas musulmanas, como la de Ibn Al-Abbâr, que tras volver la ciudad de Valencia a manos almorávides, después del breve tiempo en que la ciudad estuvo en manos de  Rodrigo Díaz de Vivar, quien había consagrado la mezquita como iglesia cristiana, se construyó un nuevo mirhab.

Ibn Al-Abbâr  fue quizás, uno de los personajes más importantes que vivieron durante los cinco siglos en que los musulmanes habitaron  tierras valencianas . Gran escritor, poeta, político, diplomático, y como no, historiador.


Ibn Al-Abbâr.



Según cuenta él mismo en su At- Takmila,  su nacimiento se produjo durante la oración de la mañana en uno de los meses de Rabi'u del año de la hiyra 595, es decir, el 1 de marzo del año 1199.

Gracias a este mismo documento, At- Takmila fi kitâb as-Sila, un diccionario biográfico  manuscrito que se encuentra en la Biblioteca del Escorial, sabemos que el nuevo mihrab de la Mezquita Mayor se terminó de construir en el año 498/1104-1105, y que la obra fue sufragada y supervisada por el entonces cadí de Balansiya, el norteafricano cAbd Allâ b. Saicd al-Wâydi, un doctor originario de Ujda, y cuyo nombre permaneció escrito en uno de los lados del mirhab hasta la entrada de las tropas de Jaime I.  Este mirhab  respondería con casi toda seguridad a los cánones y gusto de los artesanos almorávides, corrigiendo seguramente su orientación con respecto al anterior de estilo andalusí.

Como no podía ser de otra forma, cAbd Allâ b. Saicd al-Wâydi también fue el encargado de la rehabilitación  de la mezquita convertida por los cristianos en iglesia, y arrasada según cuentan algunos cronistas por los castellanos al abandonar Doña Jimena la ciudad de Valencia.

Aunque los datos que nos han llegado hoy en día sobre la actividad realizada en la Mezquita Mayor de Valencia es relativamente escasa, si seguimos la crónica de  Ibn Al-Abbâr  podemos conocer algunos de los nombres que la dirigieron, como por ejemplo el de Abu Muhammad Ayyub b.  Muhammad, quien fue cadí de Alzira y director de las oraciones en la Mezquita Mayor de Valencia.  También su nieto, quien sabemos falleció en el año 608/1211-1212, de nombre Abu cAbd Allah Muhammad fue consejero de la sura de Valencia, y predicador de la Mezquita.

Durante el periodo de crisis post-almorávide y durante el final de las taifas, es decir, durante el gobierno de Ibn Yahhaf, varias fueron las reuniones de "notables" de la ciudad de Balansiya en la Mezquita Mayor con el fin de  elegir a sus gobernantes. De hecho, fue en la Mezquita Mayor de Valencia donde el cadí Ibn  cAbd al- cAziz y  el último gobernador almorávide de la ciudad, reunieron a los valencianos al desencadenarse la crisis surgida por la autoridad almohade.



Recreación de parte de lo que pudo ser la ciudad de Balansiya.

 En el mes de octubre del año 1238, Jaime I entraba victorioso en la ciudad de Balansiya, siendo rector de la Mezquita Ibn Fargalus, cuya casa fue donada por Jaime I a Pelegrinus Çoquer Cesarauguste, es decir, a Peregrín Soquer de Zaragoza, junto con un huerto y cuatro jovadas de tierra en Campanar.



Toma de Valencia por parte de Jaime I el Conquistador. Montaje realizado por Isabel Balensiya.


Tras la toma de la ciudad, Ibn Fagalus emigró a Denia, Murcia, y finalmente a Orihuela, donde murió.

Lamentablemente de la que fuera Mezquita Mayor de  la esplendorosa ciudad de Balansiya, no queda ningún resto visible. Hay quien afirma que las piedras que sirven de base a la portada románica de la Catedral, de distinto color que el resto de la obra, pudieran ser restos reutilizados de la mezquita. Efectivamente estas basas son de mármol de Buixcarró, un tipo de mármol con un bonito color rosado que se traía desde el término de Barxeta, y que ya se utilizaba desde época romana, pero a pesar de ello, no hay ninguna prueba documental que pueda confirmar que este material perteneció a la Mezquita Mayor de Balansiya.

Entre los años 1941 y 1946, el arquitecto castellonense Vicente Traver Tomás levantaba de nuevo el Palacio Arzobispal de Valencia, el cual fue incendiado y arruinado durante la Guerra Civil, conservándose solo algunas partes de su construcción primitiva, como el patio o la capilla. Durante las obras de cimentación realizadas, se encontró además de varios restos de cerámica musulmana, un trozo de yesería que formaría parte de un arco lobulado con ornamentaciones de estilo almohade, el cual afirmaba el historiador Felipe Mateu Llopis en su trabajo Hallazgos arqueológicos en la plaza de la Almoyna en la ciudad de Valencia, podrían pertenecer a la Mezquita Mayor antes de ser consagrada como iglesia en tiempos de Jaime I.


Gracias al Llibre de Repartiment, sabemos que justo enfrente de la Mezquita Mayor de Valencia se encontraban las casas de Hozeyn Abingebit, dadas a Bertrandus de Turolio, Bertrán de Teruel. Resulta curioso que tan solo en esta donación, sea mencionada la misquitam Majorem de Balansiya.

Además de la Mezquita Mayor de Balansiya, en la ciudad existieron, al menos, otras diez mezquitas de relativa importancia. En la actual iglesia de Santa Catalina, se encontraba la mezquita de Rahbat al-Qadi, nombre que los cristianos tradujeron por Rahbatolcadi, plaza del Alcaide. De nuevo gracias a Ibn Al-Abbâr , sabemos que se hizo cargo de la predicación Hamdun Ibn-an Mucallim durante los años 1095 y 1096, ya que El Cid había consagrado la Mezquita Mayor como iglesia. De ella no queda actualmente nada. Quizás algún trozo de muro y algunos materiales reutilizados.

Otra de las mezquitas era de la Al-Galaba, muy cerca del Almudín, y que correspondería a la actual iglesia de San Esteban. Durante la breve estancia de Rodrigo Díaz de Vivar en Valencia, según cuenta Beuter, fue consagrada como iglesia a Nuestra Señora de las Virtudes. En esta mezquita predicó Muhammad b. Sufyan a principios del siglo XII.

la siguiente mezquita que se encontraba en Balansiya era la de Báb al-Qantara, y correspondería con la actual iglesia de San Lorenzo. Abu cAbd Allah Muhammad b. Yacfar al-Qurtubí fue el encargado de la oración en esta mezquita durante los años 1122 y 1123.

En cuanto a la mezquita de Ibn Aysún se encontraba en el lugar que ocupaba la iglesia de San Bartolomé. Se encontraba junto a la puerta de Al-Qantara, y según las crónicas árabes fue construida por cUbayd Allah, un hombre de alto poder económico descendiente de Ibn Aysun.

Otra de las mezquitas de la ciudad de Balansiya era la conocida con el nombre de Az-Zuqaq, y correspondería con la actual iglesia de San Salvador.

Cercanas a la  plaza del Tossal existieron hasta dos mezquitas. Una de ellas fue integrada en el monasterio de Santa Isabel de Hungría, y la otra fue consagrada como iglesia en el año 1245, aunque bien es cierto que volvió a ser mezquita, llamada de la Morería, con el objetivo de dar servicio a los musulmanes que optaron por seguir residiendo en Valencia tras la conquista cristiana. Nuevamente y tras ser asaltada la Morería en el año 1521, la mezquita fue purificada y consagrada bajo la advocación de San Miguel y San Dionisio. Esta fue la última mezquita que tuvo la ciudad de Valencia.

También fue mezquita la iglesia de Santo Tomás, hoy desaparecida, y que se encontraba frente al palacio Arzobispal, en la calle Avellanas esquina a las calles Cavillers y Milagro.

En cuanto a las iglesias de San Nicolás y San Martín, también debieron de ser mezquitas en época musulmana. De la primera se desconoce su nombre, mientras que de la segunda se cree pudo recibir el nombre de Báb Báytala.

Lo mismo ocurre con la actual iglesia de San Juan de la Cruz, sita en la calle Poeta Querol, consagrada el día siguiente de la conquista, el 10 de octubre del año 1238 bajo la advocación de San Andrés.

Además de las mezquitas hasta ahora descritas, Ibn Al-Abbâr  cita en su Takmila otra serie de oratorios y templos de los que por el momento ha sido imposible determinar  su emplazamiento, y que es posible que en algunos casos estuvieran relacionados con algunas de las iglesias antes vistas y de las que se desconoce cual fue su nombre en época musulmana.

Citaba el historiador musulmán la mezquita de Al-Sayyida o de la Señora, donde el propio padre de Ibn Al-Abbâr  fue el encargado de dirigir la oración. También nombraba junto a esta, la mezquita de Al-Sarayib, siendo el encargado de la oración Ibn al Zawq. Otra de las mezquitas nombradas era la  de Abu cAbd Allah ibn Nu, maestro de Ibn Al-Abbâr , donde también enseñó tradiciones Ibn Fargalus, quién fue rector de la Mezquita Mayor de Balansiya en el momento de la entrada de Jaime I.

También se nombran en la Takmila la mezquita de Al-Hamid, y la mezquita de Al-Gurfa o también llamada de Ibn Surunbaq.

Al margen de estas, no debemos olvidar que la ciudad de Balansiya  se encontraba regada por infinidad de pequeños templos y oratorios particulares, algunos de ellos nombrados en el Repartiment, como la mezquita Delponti o del carrer Metalponti , la de la Chopollella o Xopolela, la de Teuba, la de Açaquen, la de Algalcha, o  la de Abenhamiz.






Esperemos que algún día, la documentación y la arqueología puedan arrojar un pequeño rayo de luz sobre  este lado oscuro de nuestra querida Catedral; un pequeño rayo de luz que nos muestre como fue el esplendor de la tristemente olvidada Balansiya...




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