sábado, 26 de noviembre de 2016

El sepulcro de Andrés de Albalat, obispo de Valencia: Entre la capilla del Cristo de la Buena Muerte y la de San Jaime Apóstol.


Resulta al menos curioso, cuando no sorprendente, que para poder admirar el sepulcro gótico del que fuera tercer Obispo de Valencia y promotor de la construcción de su Catedral, Fray Andrés de Albalat, tengamos que visitar dos de sus capillas absidiales, la del Cristo de la Buena Muerte, y la de San Jaime Apóstol.

Originalmente el sepulcro del obispo valentino, completo, se encontraba sostenido por tres columnas, y situado en el pilar que divide estas dos capillas. Fue traído a Valencia en el año 1278, tras su muerte en Viterbo en el año 1276, tal y como reza en un manuscrito procedente de la Cartuja de Portaceli, de quién también fue su fundador.




Continua diciendo este manuscrito que se colocó allí "por haberla él fundado, y también por ser aquél el propio lugar  donde diez y seis años antes había puesto la primera piedra de la fábrica de la iglesia".

En el muro izquierdo de esta primera capilla, la del Cristo de la Buena Muerte, y cuyo nombre original fue el de "Jesucristo y de Pasione Imaginis",  podemos observar la parte interior del sepulcro de Fray Andrés de Albalat, tercer obispo de Valencia, quién además fue quién  erigió dicha capilla.

Parte interior del sepulcro del Obispo Fray Andrés de Albalat. Capilla del Cristo de la Buena Muerte, Catedral de Valencia,


Fue en junio de 2008 cuando los restos de este obispo valentino fueron exhumados junto con los de los infantes de Aragón, restos que se encontraban en la capilla de San Jaime, con el único fin de que sus sepulturas, tras ser restauradas, fueran mostradas al público en una futura muestra dedicada al rey Jaime I.

Tras abrir el sarcófago de Fray Andrés de Albalat, se encontró en perfecto estado  un ataúd de madera, el que ahora podemos ver en esta capilla del Cristo de la Buena Muerte,  de apenas 1,30 metros de longitud, pintado en color verde, y con el escudo heráldico del obispo, un ala.


Detalle del ataúd del Obispo, donde se distingue el escudo de armas de la familia Albalat,


Pero no era esta la primera vez que este sepulcro se abría, tal y como recoge el canónigo Oñate en su excelente trabajo sobre la Catedral de Valencia. Este sepulcro ya fue abierto el 19 de diciembre del año 1774, donde tras abrir el ataúd de su sepulcro, pintado con una cruz roja en su tapa, y encontrar los huesos del obispo, fue mandado cerrar y trasladarlo a la capilla de San Jaime. Parece ser que ya antes fue también abierto, en el año 1611, aunque esta vez el obispo se encontraba de "cuerpo entero".

Interesante resulta para confirmar estos datos el acta de autorización para trasladar y abrir el sepulcro de Andrés de Albalat, escritura redactada por el notario Antonio Moreno y fechada el 9 de diciembre de 1774:

"Los comisionados por el Cabildo, mandaron se abriese el sepulcro de piedra de mármol labrado, que se hallaba colocado en la pilastra que divide las capillas de San Jaime de la de San Dimas, nombrada de la Espina, en cuyo sepulcro se decía y tenía noticia estaban colocados los huesos del Illmo. Sr. D. Andrés Albalat, obispo que fue de esta Santa Iglesia, y abierto  dicho sepulcro de piedra por los albañiles, se encontró dentro de él una caja de madera de un palmo y cuarta de ancha, un palmo y medio de alta y cuatro palmos y un cuarto de larga, pintada de azul claro por lo exterior, y en los planos de los dos lados tres escudos en cada uno al parecer de armas: en la tapa una cruz colorada, cuatro escudos como los de los lados y cuatro báculos, la cual caja dichos señores mandaron se abriese, y a su presencia y mía  se executó su orden, y se encontraron dentro unos huesos al parecer de cuerpo humano, según la forma que guardaban. Y de orden de los Señores Comisarios, se volvió a cerrar de la misma forma en que estaba y trasladaron dicho sepulcro de piedra en la referida capilla de San Jaime y en la pared de la parte del Evangelio, y en un nicho que se había formado para ello se volvió a poner dentro de dicho sepulcro la citada caja y se cerró aquél de orden los mismos Sres. Comisionados..."

En esta parte interior del sepulcro, podemos distinguir la figura pintada del obispo, protegida por dos escudos heráldicos, uno sobre su cabeza y otro sobre sus pies.

La figura del obispo estaba originalmente revestida para el oficio, y sobre ella se podía leer una inscripción gótica, hoy por hoy totalmente ilegible.

En cuanto a los escudos, al igual que la figura pintada del obispo, están bastante desgastados y arruinados, aunque si es cierto que en el del lado izquierdo, es decir en  el que se encuentra sobre su cabeza, parece apreciarse las armas de la familia Albalat, un ala.

Este mismo escudo podemos verlo en el cuadro pintado por Juan de Juanes en el año 1568 y que se encuentra en la Sala Capitular de la Catedral.

Cuadro de Juan de Juanes representando a Fray Andrés de Albalat. Sala Capitular de la Catedral de Valencia. Imagen de la Web de la Catedral.


Mosen Jaume Febrer, en sus ya conocidas "Trobes", nos habla de don  Benito de Albalat, hermano mayor del obispo, describiendo de esta forma su escudo de armas:

"Era en Tarragona Benet de Albalat
Home Poderós: Vinguè ab son germà,
Que ere lo Archebisbe de aquella Ciutat,
Gobernant la gent (que aqueste prelat
Pagaba á ses costes) com son Capità
Una ala daurada portaba en lo escut
Sobre camp blau. De llur ascendencia
E sa tona sanch, vos teniu sabut,
Dels Comptes de Urgell gran pant li ha cabut;
Son germá menor Biisbe es de Valencia,
E alli se ha restat ab gran convenencia."

"Benito de Albalat, hombre poderoso en Tarragona, vino a la conquista  en compañía de su hermano el Arzobispo de aquella Ciudad, capitaneando la gente que este pagaba a su costa. Trata en su escudo una Ala dorada sobre campo azul. De su ascendencia e ilustre sangre, dice que tenía el Príncipe noticia, pues era descendiente de los Condes de Urgell. Su hermano menor fue obispo de Valencia, y en ella quedó Benito bien  hacendado."


En cuanto a la parte exterior del sepulcro del obispo valentino, de estilo gótico, la podemos encontrar en el muro izquierdo de  la capilla de  San Jaime Apóstol. En este sepulcro, de más de 600 kilos de peso, y el cual se encontraba en un pésimo estado antes de su restauración, totalmente enfoscado y con varias capas de cal, podemos ver la figura yacente del Obispo, con mitra y báculo, con su cabeza descansando sobre una almohada, y bajo tres arcos decorados en su parte interior con trifolios, y en su parte exterior con varias figuras de lo que parecen ser animales mitológicos.

Sepulcro del Obispo Andrés de Albalat en la capilla de San Jaime de la Catedral de Valencia. Fotografía de María José Bort,

Detalle del sepulcro del Obispo Albalat. Fotografía de Isabel Balensiya.


En el interior de este sepulcro, se encuentra una caja policromada, de color verde, y con el escudo de la familia Albalat, donde descansa el cuerpo momificado y plegado del Obispo. Esta caja mortuoria, al igual que el sepulcro de piedra, se encontraba en muy mal estado, por lo que fue tratado contra las plagas, y restaurado hasta conseguir sacar a relucir su color verde original.

Esta caja mortuoria, con el escudo de armas de Fray Andrés de Albalat, se distingue perfectamente gracias a la rotura que sufre uno de los laterales del sepulcro.

Detalle de la rotura de uno de los laterales del sepulcro,  por donde se pude ver la caja policromada que contiene el cuerpo del Obispo Albalat,  y donde se aprecia el escudo de armas. Fotografía de Isabel Balensiya.


Andrés de Albalat fue elegido Obispo de Valencia el 4 de diciembre del año 1248, siendo confirmada dicha elección el 25 de febrero de 1249 por el Papa Inocencio IV.

Nadie duda de que esta elección fuera totalmente prejuzgada, ya que su hermano, Pedro de Albalat, Obispo de Tarragona, fue elegido por el Cabildo como uno de los tres compromisarios que habrían de decidir el nombre del nuevo obispo valentino, junto con D. Mestre Martín, Arcediano Mayor de la Catedral, y D. Mestre Domingo, Capiscol de la misma.

Además, el nombre de Andrés de Albalat figuraba en primer lugar en la lista de los elegibles, seguido del Abad de Veruela; el de Benifzá; del señor de Andrade, Abad de Santa Cristina; del Prior de Cornellá, capellán del Rey; del  Arcediano de Tarragona; del de Daroca; de Francisco de Lauro, Sacrista de Daroca, y de Guillernmo Vidal, canónigo de Lérida.

Como ya dijimos anteriormente, y ya vimos en un anterior artículo dedicado a la lápida fundacional de la Catedral, fue Andrés de Albalat quién colocó el 22 de junio del año 1262, en el ábside, entre las actuales capillas de San Jaime y el Cristo de la Buena Muerte, la primera piedra de la construcción de la nueva Seo valentina.

Fue Andrés de Albalat  Canciller de Jaime I, además de uno de los jueces elegidos por Aragón para demarcar los límites de Valencia con Castilla.

Pero la obra y vida de Fray Andrés de Albalat dio para mucho, de hecho su obispado, de más de veintisiete años, fue de los más largos de la sede eclesiástica.

Aparte de obtener varios privilegios por parte del Rey D. Jaime, como el fechado el 18 de enero del año 1256, por el que todos los vecinos de los lugares que dependían  y dependiesen en un futuro del obispado fuesen francos de derecho de peaje, portaje  y leuda, por todo lo que comprasen, vendiesen o llevasen a vender siempre y cuando no fuesen mercaderes de profesión; la institución de doce nuevas pabordias, una por cada mes del año, o el privilegio otorgado por el Conquistador el 30 de junio de 1262 por el que se eximían de tributos los frutos pertenecientes a prelados y Cabildo, el Obispo Albalat erigió la antigua parroquia de San Pedro, fundó la Cartuja de Portaceli, y construyó una nueva muralla en el perímetro del convento de Santo Domingo, ya que este quedaba fuera de las antiguas murallas de la ciudad, con el consiguiente peligro para los religiosos.

Celebró el obispo hasta ocho Sínodos (de los cuales hablaremos en próximos artículos debidos a su interés) entre los años 1255 y 1273, en los que trató entre otros asuntos, sobre la  uniformidad del culto, sobre los Sacramentos y su administración, sobre los clérigos y sus lugares de residencia, sobre la forma de vestir, sobre testamentos, albaceas y sepelios, sobre los juegos de azar...

Desde luego sería interesante que su sepulcro, completo, volviera a su lugar original, para de este modo poder admirar y disfrutar mejor su belleza y la finura de sus relieves.



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